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Cuentos y relatos globales


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Artículos publicados en andalucia.press

Vainas mías…
Crispín y sus cargos de conciencia un miércoles de ceniza

Cuentos y relatos globales. 18.02.18 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Crispín no tuvo la necesidad de levantarse de su cama ni la de abrir la ventana de su cuarto para darse cuenta que, acabado hacia pocas horas el carnaval, con la presencia del miércoles de ceniza, afuera ya olía a Semana Santa. Lo descubrió en la penetrante y desmayante aroma del incienso que alguien quemaba en el vecindario…De haber abierto la puerta de su casa, cosa que tampoco hizo, la visión de algún vecino que con cara de arrepentimiento viniera de la iglesia con el dibujo de una cruz de ceniza pintada en la frente, fijo se lo hubiese confirmado… Igual que si, por vainas suyas, si se hubiera en cambio dirigido al cuartico que en su vivienda, Marciala, su esposa; y doña Quijota, su suegra, tienen destinado para los domésticos oficios religiosos, viendo alumbrado con una esperma ceremoniosa el cuadrito de la mano poderosa asistido por el infaltable rosario blanco que su cónyuge le pone siempre encima, a efecto de que se le den los milagros, ya no lo dudaría más: flotaba en el ambiente, previo cuarenta días, el perfume del recogimiento propio de la venidera Semana Mayor…y en señal de respeto, ante la llamativa lámina, hasta se le habría ocurrido persignarse y, escarbando en sus problemas existenciales, en efecto, se iba a sentir culpable de las cosas malas que, hasta esa madrugada, había hecho en las pecaminosas fiestas del dios Momo porque, en ese instante de remordimiento, su cuerpo y su alma le pedirían se disciplinara teniendo con el poder de la oración la milagrosa creación en él de otro caballero de fabricación casi santa, imaginándose que cada viernes de cuaresma ayunaría con la puntualidad proverbial de sólo pasar agua esos días…

El asesinato de mi hermana Lucía Garrido
Rosa Garrido. 15.02.18 Ampliar
Mi nombre es Rosa Garrido, Soy hermana de Lucia Garrido, asesinada vilmente en abril de 2008 en su domicilio en la finca de los Naranjos situada en el pueblo malagueno de AihaurIn de la Torre.
Después de tantos años de sufrimiento y de lucha para intentar esclarecer 10 que le ocurrió a mi hermana, me decido a escribir esta carta para denunciar una realidad que aún todavia me sobrecoge pues jamás hubiese imaginado, ni por lo más remoto, la cantidad de trabas y obstácutos con los que me he encontrado sobre todo por parte de aquellos que en teoria están al servicio de la ciudadania y, en teoria también, del lado de las víctimas. Y lo hago no con un sentimiento de venganza, ni cegada por la rabia, sino simplemente porque creo que con esta carta puedo contribuir a que se corrijan tantas actitudes y tantos actos reprobables que desde mi punto de vista no caben en un Estado de Derecho.
Mi hermana murió de una manera terrible; golpeada, apuñalada y finalmente ahogada en la piscina de su vivienda. Fue una victima más de a viotencia machista, algo que aún, para mi sorpresa, no está claro para jueces e investigadores. Pero, Lucia se cansó de acudir al cuartel de la Guardia Civil y a los juzgados para denunciar su situaciôn. Una situación terrible de malos tratos y amenazas par parte de su pareja, Manuel Alonso que la hizo vivir al límite de la desesperación y del miedo, máxime cuando aquellos que podían haberla protegido se desentendieron de hacerlo y la abandonaron a su suerte. No hubo un momento de respiro para ella. No encontrô en nuestras instituciones una mano amiga que comprendiera su situación e intentara remediarla.

El niño de la pequeña melena
Pedro Biedma. 11.02.18 Ampliar
Bueno, como dice una canción “todo tiene su fin”, con este relato me despido de momento, quiero agradecer a Federico Ortega la oportunidad que me ha dado al poder compartir con todos vosotros algunas de mis historias, espero que os hayan entretenido, os dejo mi email por si queréis enviar cualquier comentario  pbiedma1@gmail.com .   Espero que os guste este último relato, escrito como siempre con el corazón. Pedro Biedma.

Ignacio abrió el frigorífico y se sirvió un vaso de agua fría, tras beberlo de un tirón, se deshizo del sudor pegajoso de su frente, producto del agobiante bochorno del mes de Septiembre. Durante un instante pensó en su mujer y su hijo menor, en lo bien que lo estarían pasando en el cumpleaños de Juan, su primo y amigo, él como casi siempre no pudo asistir, primero es la obligación y después la devoción, a sus 60 años, era su lema preferido.

Don Evaristo Paico y sus hijos
Cuentos y relatos globales. 11.02.18 Ampliar
Por Luis Antonio Ismael Muro Mesones.- En el caserío de Cruz Loma, en la zona andina del distrito de Inkawasi  vivía la familia Paico Quispe. Don Pedro que fue uno de sus fundadores de este caserío, tenía una familia compuesta por sus hijos llamados Julián Paico, Francisco Paico, Diego Paico y dos hijas más. Don Pedro Paico era una persona sumamente trabajadora y aquellas tierras que tenía eran propias, tuvo que esforzarse mucho para conseguirlas, también contaba con su ganado vacuno, el cual también comenzó de a poco a poco. Todo lo que consiguió lograr, lo hizo con el fundamento de formar una buena familia, su mujer también le ayudaba para lograr ese proyecto familiar, ambos esposos esperaban hacer de sus hijos unos hombres de bien, unos hombres que no solo tuvieran educación sino también buena instrucción. Todo lo que hacía don Pedro era por ellos: “ellos eran sus hermosos sueños”. Solía levantarse de madrugada para vigilar su ganado y ver cuando había luna llena sus sembríos, de cómo verdeaban haciendo olas y tumbos por el fresco viento de la madrugada iluminadas por toda la luna llena. Todo lo hacía por ellos para que sus hijos alcanzaran mejores metas de las que él pudo alcanzar. Es por eso que así él se esmeraba más, el siempre decía: “mis hijos tienen que alcanzar sus sueños, esos hermosos sueños que tengo yo para ellos”, por ellos trabajaba bastante, tanto que se quedaba  desgastado, olvidándose totalmente de su cuerpo, pero aun con todo don Pedro con la poca alimentación y la bastante ilusión y con la fe puesta en  sus hijos, para que se realizaran en este mundo. Así con esa esperanza sacaba fuerzas del alma para seguir sin doblegarse .Don Pedro era un hombre de buenos sentimientos adaptado a la recia naturaleza  de estos lugares, un hombre que se enfrentaba con valor al duro día que siempre le esperaba,  creía que todo lo que se le presentara en su contra lo fortalecía más; así siempre fue su manera de actuar y su pensamiento de este señor.

Camino de la esperanza
Pedro Biedma. 10.02.18 Ampliar
Tras más de media hora oyendo un triste monólogo por parte del doctor, Pablo se despidió de él, cabizbajo y sin pronunciar palabra alguna, una simple señal de adiós con su mano derecha fue suficiente. Al salir y cerrar la puerta de la consulta, observó con estupor como la sala de espera había desaparecido, en su lugar una enorme y empinada montaña se postraba altiva y desafiante a sus pies, una señal de madera indicaba el camino a seguir, .
Con alguna que otra lágrima en sus ojos y miles guardadas en su corazón, comprendió que el destino le regalaba un viaje con el que nunca soñó, con fecha de ida marcada pero sin concretar la de vuelta.
Los primeros kilómetros resultaron duros, demasiado duros,  para colmo se unieron a su aventura varios acompañantes no deseados, el pesimismo, la tristeza y escondida entre las rocas, la traviesa nostalgia que lanzaba puñales hacia lo más hondo de su ser.

Preguntas
Pedro Biedma. 04.02.18 Ampliar
Adrián a sus doce años no lo podía entender, lo intentó una y mil veces, pero nada, el tema que hoy se trató en clase era aún demasiado complicado para él. En el fondo se encontraba muy tranquilo ya que jugaba con ventaja respecto al resto de sus compañeros, él disponía de un arma secreta, su padre Eduardo, el hombre que poseía respuestas para todo. Alguna vez recurrió a su madre, pero ella siempre utilizaba la misma estrategia y le decía “yo estoy muy liada, me faltan muchas tareas para acabar, cuando venga papá se lo preguntas”, pero Adrián sospechaba que la realidad era otra, ella no conocía la respuesta y se excusaba con el manido tema de las tareas, lo imaginaba ya que en muchas ocasiones mamá también se sentaba a oír atentamente la explicación de Eduardo y Adrián pensaba en voz baja “ves como tampoco lo sabía”.
¿Como era posible la existencia de tantas religiones , casi todas, muy diferentes unas de las otras?, ¿tantos creadores de la Tierra?, ¿y los ateos?, ¿qué pensaban?, demasiadas preguntas que pronto iba a dar por resueltas, sólo era cuestión de tener un poco de paciencia y esperar a papá.

El secreto de Ana
Pedro Biedma. 02.02.18 Ampliar
El tiempo pasa volando, solemos decir, en el caso de Ana parecía avanzar a cámara lenta, se cumplían ya cinco largos años que vivía sola, desde que el cruel e imperdonable rumbo de la vida arrebató, sin previo aviso, de su lado a su inseparable compañero de viaje Tomás, su esposo, viajes en el que visitaron multitud de destinos y donde fueron testigos de momentos de alegrías, penas, risas, llantos, enfados y reconciliaciones, pero en los que siempre encontraron un lugar idóneo para fotografiarse junto al amor.
Tenía un sólo hijo, llamado como no, Tomás, y se sentía la madre más afortunada del mundo. La llamaba todas las semanas para interesarse por ella, incluso una vez al mes le honraba con su visita y además casi siempre les acompañaba su nuera Clara y sus dos nietas, Clarita y Silvia, la pequeña decían que tenía una gran parecido a su ella, en esas contadas visitas era cuando el reloj parecía acelerar su marcha. ¿Qué más podía pedir?, Ana comprendía perfectamente que los ochenta kilómetros de distancia que recorrían para poder verla suponían un esfuerzo considerable para ellos, además sí contamos la vuelta son 160 kilómetros y ya sabemos todos que el combustible hoy en día está por las nubes.

Vainas mías…

Cuentos y relatos globales. 28.01.18 Ampliar
Por favor, no se suicide, no sea pendejo…viva…
Walter E. Pimienta Jiménez.- Si un día cualquieras, por algún motivo que siempre será injustificado, usted decide suicidarse, dése una última oportunidad y, por favor, no se suicide, no sea pendejo, viva… en este diario no nos gustaría tener que publicar la triste noticia haciendo público el desconcertante hecho que, para mí, no parece humano. Se lo digo así porque, fíjese en esto: los animales no se suicidan y, como nosotros, no tienen ningún derecho a hacerlo y entonces el perro, con su perra vida, sigue siendo perro; el caballo que esquelético tira la carreta, sigue siendo caballo; y estos, según el destino, rebosantes de salud o no, cargando con su buen o mal destino, jamás merodean por la idea de ahorcarse, de beberse un veneno, de cortarse las venas o de meterse un tiro. Concluyo por ello que los animales, este caso, no son tan animales para llegar a hacer eso.
Si usted compara otras vidas con la suya, la de aquellos que sobrellevando enfermedades, abandono, desplazamientos y decepciones amorosas, como puerta abierta a la autoeliminación y con esto la realización del último viaje, mire bien, piénselo…no se cierre en esa idea y haga de su suicidio un fracaso espectacular: no se cuelgue y mejor cuelgue su hamaca y descanse porque mañana será otro día; no se envenene y mejor tómese un tinto, sirve para meditar y encontrarle explicación a las cosas…y si no, igual, tómeselo porque de todas maneras el tinto es una costumbre sana; no se corte las venas, es un mal chiste de humor negro; y tampoco considere pegarse un tiro, si se arrepiente se ganaría el premio de no haber jugado a la ruleta rusa solo…

La leyenda
Pedro Biedma. 27.01.18 Ampliar
A veces un cálido abrazo sin manos te puede mostrar un hilo de esperanza, cien gélidos y falsos abrazos con manos, pueden hacer rebosar tu equipaje de desilusión.
Cuenta una vieja leyenda que en un secreto lugar, se encuentra un mar inmenso y ho
rrible a la vez, el mar de las esperanzas perdidas. Para llegar a él, no existe una ruta definida, nosotros hemos conseguido acercarnos hasta sus bravías aguas, no sabría explicar cómo ni cuándo aparecimos aquí, sólo sé que me acompañas, agarrada con fuerza a mi mano, vagamente recuerdo que anduvimos caminos infernales sin dar paso alguno, descendimos cientos de ríos de tristeza sin llegar a navegar. Ahora, desde esta desierta orilla, nuestros cuerpos observan, sin saber como actuar, el agónico hundimiento de nuestras esperanzas,  la tuya unida a la mía, mirándola y esperando una solución que parece imposible de hallar, percibimos con pesar, sus súplicas desesperadas, destinadas a nuestras mentes, que permanecen bloqueadas, nuestros corazones bombean miles de lágrimas de impotencia que incendian con llamas de dolor nuestro interior. 

Toby
Pedro Biedma. 19.01.18 Ampliar
Julián había buscado ya mil veces sus valiosas gafas, sin ellas apenas podía distinguir nada, su olvidadiza cabeza tampoco le ayudaba a recordar dónde las había dejado la noche anterior, así que resignado se calzó sus cómodos y antiguos zapatos y se dispuso a sacar a pasear a su fiel compañero Toby. Desde que vivía en la granja de su hijo Pablo, todas las mañanas, llevaba a dar un paseo por el campo a su pequeño carlino. Aún recordaba el día en que su esposa tristemente fallecida, se lo regaló, hacía ya más de ocho años. Se encontraba cercano a cumplir los ochenta pero su avanzada edad no le impedía caminar diariamente un par de kilómetros junto a su inseparable compañero, durante ese tiempo Julián parecía rejuvenecer y sentirse importante para alguien, el cariño entre ambos era más que evidente. Salió al exterior de la granja, anduvo cinco o seis pasos con el collar y la correa en su mano izquierda y se topó de frente con su perro y con Kas, una traviesa cría de cerdo  que a menudo se escapaba del engordadero. Tras colocar, con dificultad, el collar a Toby, cogió en sus brazos al juguetón Kas y lo situó en su lugar junto al resto de sus compañeros. Ya estaba preparado, correa en mano, para recorrer su trayecto diario, lo conocía de memoria, sabía donde se encontraba cada piedra, cada desnivel, etc, y además Toby siempre iba delante dispuesto a guiarle de principio a fin, por lo que no le importaba demasiado el no llevar sus gafas. Comenzó el recorrido y apenas pasados unos minutos Julián se percató de que Toby estaba muy raro, algo le ocurría, parecía que ese día no le apetecía pasear, no quería situarse delante de él como era su costumbre, es más, debía de empujar con fuerza la correa para que avanzara, eso sí, con cierta desgana.


Nostalgia de…
Mis libretas de la infancia
Cuentos y relatos globales. 14.01.18 Ampliar
Escribir es como hacer el amor. No te preocupes por el orgasmo, preocúpate del proceso. Isabel Allende
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Como desvanecidas en el recuerdo quedaron para siempre mis libretas escolares de antes, las de mi infancia. En ellas, estando en la escuela primaria, escribía mis primeros relatos que no mostraba a nadie. Ellas fueron protagonistas de cosas personales, de notas sueltas que me servían de arranque para decir cosas que después dejaba a medio camino y sin terminar.
Algunas, con sus marcas: Norma, Bolivariano, Titán, Patria, Ibérica… se llevaron en sus hojas un “homenaje a mi mala ortografía” y a una caligrafía de tamaño inestable según el ánimo con que escribía… Y en las mismas, navega hoy únicamente esto, un recuerdo, sólo eso…
Con aire afligido, reconozco hoy que el arte de escribir, en mi caso y desde mis primeras libretas de la infancia, no buscaba otra cosa más que escribir lo que veía, lo natural, pero me enfría el alma saber que ahora, la representación del pensamiento con palabra, está en extinción porque la gente solo ve lo virtual…hasta el punto de que en el minúsculo teclado de su teléfono celular, “comiéndose letras” y apocopando términos, no escribe ni con lápiz ni con papel, como yo lo hacía, sino con dos dedos: los pulgares de cada mano…

El viaje
Pedro Biedma. 07.01.18 Ampliar
Curiosamente ese día, apenas encontró retenciones en la carretera, por lo que le resultó imposible “protestar” como en él era habitual, además hubiera sido en balde, pues esta vez nadie le acompañaba en su viaje. Tampoco logró amenazar con “quedarse todo el mundo en tierra” por la carga excesiva de su maletero, con cientos de trasto inútiles, su coche no era un “tanque” y debía de cuidar muy mucho los amortiguadores, esta vez sólo llevaba lo imprescindible, como a él le gustaba hacer, por no llevar no se colocó ni su reloj preferido, en un acto más de su generosidad absoluta, unos días antes se lo regaló a su nieto Pedro, si, ese al que tanto le gustaba chinchar, siempre sin malas intenciones y al que le solicitaba una y otra vez que le contase el chiste del galgo.
Condujo completamente a sus anchas, por el carril de la izquierda y nunca superando los límites de velocidad establecidos, todo lo contrario, no existía prisa e iba el primero, ¿para que correr más?, si alguno quería adelantarlo, disponía de todo el carril derecho para hacerlo, pero no, ese día nadie lo adelantó.

Mi desconfianza de Navidad
Cuentos y relatos globales. 07.01.18 Ampliar
Relato intimista y humano, basado en recuerdos que hacen aflorar la fantasía y la imaginación.
*Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad, regáleles tu amor y la verdad, a lo mejor les hace falta…
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.-
Había llegado diciembre. Cristina, mi hermana, de unos 10 años de edad, y yo, a lo sumo con 8, éramos aún unos niños. Sobre todo quien esto escribe que soy el menor de la familia y para los hechos que relataré, ni había realizado siquiera la primera comunión y le tenía miedo a los miedos criollos de mi pueblo oscuro: miedo “al Caballo del otro Mundo”; miedo a “la Mano Pelua”; miedo a “la Gallina de los Siete Pollitos”; miedo “al Monje sin Cabeza”; miedo a “los dos Negritos que, de madrugada, salían en la esquina de la casa de Viola”, en la Calle de las Flores; miedo a “la Mohana”, que le salía a quienes, sin permiso de sus padres, se iban a bañar al arroyo; miedo a “la Llorona”; miedo “al Negro Beltrán, porque dizque ya le había salido a “la Chita de Alberto Moco”; miedo “al diablo de la caja de fósforo”; miedo “al Coco” y un lejano miedo secular a “la Zorra Pelá”, la misma con la que estando de brazos, me metían miedo cuando me cantaban el “duérmete niño, duérmete tú”…Como lo ven y lo leen, para entonces, aquellos doce miedos de siempre, me rodeaban por todas partes y, a veces, hasta estaba representado en la intimidante correa de cuero de venao, de cuatro dedos de ancho y hebilla de dos balas cruzadas, que usaba mi abuelo Ismael en la pretina de su pantalón… por lo que, en consecuencia, si cuentan bien los lectores, serían trece miedos a los miedos con los que, sintiendo el corazón en la boca, de pelao me crie…

Sueños de Navidad
Pedro Biedma. 06.01.18 Ampliar
!Papá¡, por favor, cuéntame un cuento de Navidad, uno bueno, de esos que tu sabes que me gustan.
“De acuerdo hijo, me sentaré aquí a tu lado, antes debes ordenar todos tus juguetes, que luego mamá se enfada”.
Antonio tomó asiento, esperó con paciencia a que Juan recogiese los coches y muñecos que tenía colocados, sin orden alguno, por todo el suelo de su habitación, mientras recordaba con nostalgia, el cuento que su querida madre solía relatarle en estas fechas.
Una vez acabada su tarea el pequeño se postró sobre las rodillas de su padre, antes de comenzar, ambos se cruzaron una tierna mirada que definía por si misma el concepto de la palabra amor.
Antonio le narró un maravilloso cuento, en el que a los protagonistas, y con la ayuda inestimable de la magia que reina en Navidad, se les cumplían todos sus sueños.

Las respuestas de mi yayo
Pedro Biedma. 04.01.18 Ampliar
Enrique se encontraba sentado en una silla, acompañado por su abuelo, majestuosamente postrado en su sillón, el sillón del abuelo. Deseando descubrir respuestas a todas las incógnitas que convertían su joven mente en lo más parecido a un vaso repleto de agua y  a punto de rebosar.
A sus doce años, las tardes de lo sábados, era el momento más esperado de toda la semana, tenía la suerte de disfrutar durante algunas horas del cariño indescriptible que le proporcionaba su “yayo” Pablo, además él le explicaba cosas que no aparecían en los libros. Sin previo aviso e impaciente, Enrique dio comienzo al turno semanal de aprender cosas cuya respuestas únicamente se encontraban en la cabeza y el corazón de su sabio particular :
P- ¡Yayo!, ¿que es mejor el pasado, el presente o el futuro?.
R- Los recuerdos, sin duda los recuerdos, sucederán en tu pasado, los recordarás en tu presente y los revivirás con una mezcla extraordinaria de placer y añoranza en el futuro.  Durante unos instantes Pablo calló, recordó algunos episodios maravillosos acontecidos en su larga vida y, en silencio, lloró sin soltar ni una sola lágrima, pronto su nieto le hizo volver al presente.
P- ¡Yayo!, ¿a quién has querido más y a quién menos?.
R- No he podido querer más a una persona que a otra, el amor no tiene medidas, es lo único que nace, crece y nunca muere. Padres, hermanos, hijos, esposa, nietos, tu corazón reservará un hueco destinado a albergar el amor indicado para cada uno de ellos y lo alojará en él sin condiciones ni contrato de permanencia. Indudablemente a quién nunca he conseguido querer, ha sido a mi mismo y créeme que lo he intentado una y mil veces, estoy convencido que quién lo logra es quién llega a conocer la verdadera felicidad en esta vida. Hazme caso e intenta reservar en tu corazón, el mayor espacio disponible, para alojar tu amor propio.

Recuerdos  de  un amor  hace  45  años
“Tequiamo”

Cuentos y relatos globales. 31.12.17 Ampliar
Dejaron de sentirse niños cuando, mirándose a los ojos comprendieron, que ese amor que les unía no tenía grabada la palabra eternidad en las pupilas.  (Marta Salas, poeta española).
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.
…Lugar: Teatro Capri. En  la  pantalla,  Marlon Brando, en  la  película  “El  Padrino”, en el  instante  en  que,  una toma  de primer  plano lo muestra de cuerpo entero y le  dice  a su  hija Connie: "La política y el crimen son lo mismo"
De pronto  ella me dice;
-¿Me das un beso?
-¿Dónde?- pregunté.
-Sorpréndeme- me respondió
Sonreí, le aparté el pelo y  la besé en los labios. Olía a rosas. La película  me  jalaba; era  interesante.

El plan perfecto
Pedro Biedma. 31.12.17 Ampliar
Ese día todo iba a ser distinto, se acabaría su papel secundario de marioneta manejada por los caprichos del viento. Se vio reflejado en el espejo que presidía su salón y su rostro era diferente, no se reconocía, su plan perfecto, maquinado sin piedad durante la silenciosa noche, comenzaba a dar sus frutos. Cerró con rabia la puerta de su casa, ataviado con las prendas que a él le vino en ganas, y le dijo adiós al ridículo. Nada más salir se encontró de frente con la altiva familia de sus temores, no faltaba ni uno de ellos, esta vez no los esquivó cambiando de acera, se paró delante de ellos y, con la cabeza muy alta, los miró uno a uno a los ojos, escupió a sus pies y los despidió con un breve y contundente “hasta nunca”.
Continuó su camino con paso firme, al pasar por el bar donde solía estar siempre, observó como desde dentro le miraba y se burlaba la malvada mala suerte, sin más le hizo una señal con la mano derecha desafiándola a salir a su encuentro, la mala suerte avanzó sin miedo, pero a medida que se acercaba su risa disminuía, cuando la tuvo al alcance fue él quién soltó una enorme carcajada y sin previo aviso le clavó un puñal en pleno corazón. La abandonó allí tirada en el suelo y agonizando, se marchó, no sin antes decir “se acabaron tus risas, mala suerte”.

Verdadero amor
Pedro Biedma. 30.12.17 
El viaje por fin terminó, resultó mucho más complicado de lo esperado, por momentos sus vidas corrieron peligro, pero felizmente todo acabó bien. Minutos después, Pedro se encontró, sin esperarlo, con ella, frente a frente,  mirándose el uno al otro.  Pedro jamás había visto ese rostro que le observaba, un rostro por el que avanzaba un caudaloso río de lágrimas que nacían en sus ojos hasta morir en su barbilla. No entendió porqué lloraba, creyó que debía de estar aún asustada por lo accidentado del trayecto, pero su pensamiento no se acercaba ni lo más mínimo a la realidad. Carmen sí lo conocía, aunque no físicamente, poseía de una pequeña vivienda en la que Pedro pasó unos meses de su vida, debía de ser buena persona ya que a pesar de no recibir el pago de ni una sola mensualidad, nunca tentó su mente, la cruel idea del desahucio.
Sin previo aviso, Carmen posó sus labios en su arrugada frente y sin más contemplaciones le besó, él intentó hablar, pedir una explicación, no lo pudo lograr, sus palabras no conseguían salir.
Sus miradas de nuevo se cruzaron, ella le susurró al oído algo que él no supo interpretar, debía de hablar una lengua totalmente desconocida por Pedro, pero una intuición proveniente de su pequeño corazón le ayudó a entender que esa mujer, y desde ese mismo instante, se acababa de  convertir en el amor de su vida, engendrado en lo más profundo de su ser, ya nada ni nadie los podría separar, ella, a partir de ese instante, compartiría junto a él todas sus vivencias, las buenas y sobre todo los malas. Pedro acababa de conocer a su verdadero amor, su MADRE.
Dedicado a mi madre, por ese amor único, que se origina antes del nacimiento y no desaparece  jamás 

La ilusión
Pedro Biedma. 29.12.17 Ampliar
Buenas a tod@s, quiero felicitaros el nuevo año, que se os cumplan todos los deseos y que os traiga mucha "ilusión", ilusión por amar, por ser amado, por cumplir vuestros deseos y sobre todo "Ilusión por vivir", un corazón desilusionado no se para pero es cierto que "camina despacio y sin compás". Feliz e ilusionante Año 2.018.                                                  
La ilusión   
Anoche me despojé una a una de todas mis preocupaciones, elevé la mirada al cielo  y allí estaba ella, más bella que nunca, esperando una señal mía. Abrí mi alma de par en par, saqué dos sillas de esparto y con ellas rodeé mi corazón, grité en silencio su nombre invitándola a sentarse en mi interior, al instante se me acercó y comenzamos a dialogar. La Luna acarició con ternura mi rostro, la piel se me erizó,  y sin pudor me preguntó : ¿ qué piensas amigo mío ?,  se unieron a la reunión mis sentimientos más puros y el más sabio de ellos respondió en mi lugar, ¡Luna!, ¿ qué es lo verdaderamente importante en esta vida ?.
Ella permaneció callada unos segundos, se sirvió un vaso de mis recuerdos,  y pronuncio:

La partida de ajedrez
Pedro Biedma. 25.12.17 Ampliar
Por fin llegó el domingo y Julio se encontraba exultante de felicidad pues tocaba visita familiar, hoy vería a su único hijo Pablo y con suerte a su nieto Julian. A sus ochenta años pocas cosas alegraban ya su vida, para ser exacto sólo dos, la ya mencionada visita dominical y la partida nocturna de ajedrez con su amigo de habitación al que él llamaba simplemente “mala cara”, Julio había sido siempre un apasionado y gran jugador de este juego, pocas personas podían presumir de haberle vencido alguna vez.
A las once de la mañana y puntual como siempre, apareció su hijo, esta vez no le acompañaba Julián. Tras el beso y abrazo de rigor, ambos conversaron sobre las novedades transcurridas durante la semana, pocas la verdad. Pasada una media hora Julio le hizo una confesión a Pablo, se le notaba atemorizado y sin saber cómo empezar a relatar lo que le sucedía. Tras unos segundos, tomó aire y le comentó a su hijo que el lunes por la noche, y antes de empezar a jugar, su amigo “mala cara”, le hizo una propuesta no negociable, consistía en qué si Julio le vencía, como solía hacer diariamente, le otorgaría cualquier deseo que pidiera, en cambio sí perdía, “mala cara se apoderaría de su alma.

Viajera
Cuentos y relatos globales. 24.12.17 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Entre el mundo y la viajera no hay distancias insalvables ni idiomas que establezcan la diferencia. Sentada en forma rebelde sobre sus maletas en espera del tren de las tres de la tarde, solo ella entiende su realidad humana: hará escala en alguna parte y luego continuará su peregrinar sin fronteras porque los países, las naciones, las ciudades, los pueblos, le son propios permaneciendo vigente en cada sitio.
Los bodegueros del tren, los maquinistas, los acuarelistas de la estación, los olmos, las encinas, los sembrados, las ovejas, las casas lejanas de las praderas, conocen a la viajera a través del delineado transparente de la ventanilla del vagón número seis que enmarca cuidadosamente su definido rostro.
La viajera viaja porque para ella no hay mal tiempo ni amarras ni cadenas en la carrilera…viajar, siempre viajar es lo suyo rehaciéndose en cada nacionalidad y en cada idioma; renovándose en todos los pueblos, bastándose a sí misma de zapatillas, botas,  abrigos, sombreros y de… hilo, botones y aguja por si acaso…

Un triste bolero
Pedro Biedma. 24.12.17 Ampliar
El salón se encontraba repleto de bellas mujeres luciendo sus mejores galas, todas deseosas de que el príncipe de sus sueños apareciese y la rescatase del grupo de las ignoradas y fueran premiadas con un baile en el centro de la pista. De repente hizo su aparición el mejor de los galanes, el que las derrite con una sola mirada, un sueño imposible para la mayoría de ellas, se trataba, como no, de D.Tenorio (no podía llamarse de otra manera). Con su impecable frac, gomina en cantidad para marcar sus negros cabellos, bigote aturdidor igual que el de Errol Flynn y un caminar elegante como ningún otro, sin pensarlo anduvo hacia donde se encontraba ella, situada de espaldas. El agarró su hombro descubierto para que le prestara atención, sus miradas se cruzaron durante eternos segundos y sin mediar palabra alguna, se cogieron de la mano y la cintura y comenzaron a bailar, no les hizo falta hablar, sus ojos lo dijeron todo, sonaba un antiguo y triste bolero.
El lugar se convirtió repentinamente, en una pequeña caja de música antigua, donde ellos eran los protagonistas. La música de la caja cesó y ambos se despidieron hasta el próximo domingo, en el mismo lugar, ese día ella no esperaría junto al grupo de las ignoradas, ese día, Rosa, realizaría su entrada orgullosa y sonriente, acompañada de su galán, sabedora de ser la envidia del resto de señoritas.

La primera vez
Pedro Biedma. 20.12.17 Ampliar
Ahora disponía del tiempo libre necesario para poder realizar lo que tantas veces había pensado, ya no podía encontrar una buena excusa para no hacerlo.
Apenas veinte minutos tardó Juan en llegar caminando desde casa, ya estaba allí, siempre hay una primer día. Con soltura y mucha timidez a la vez, se presentó y conoció al resto de compañeros. Tras una breve explicación ya estaba listo para empezar. Su tarea parecía simple, tomar nota de la tarjeta de identificación, asegurarse de que aparecían en la lista facilitada por la organización y entregar un par de cajas de alimentos a cada una de las familias necesitadas, que en una larga e interminable fila, allí se encontraban.
Esperaban con ansiedad que Juan hiciese algún tipo de gesto o señal para poder avanzar. Sin más dilación comenzó, y a cada una de las cajas, le añadía una sonrisa y alguna frase de esperanza “financiadas” por él.

Amor imposible
Pedro Biedma. 17.12.17 Ampliar
Cuentan que una gélida noche de invierno, el Viento, malhadado, visitó a la Luna, su amiga y confidente fiel. Se le acercó llorando y roto de dolor, se aproximó todo lo posible a ella, que lucía más llena que nunca, y le confesó su gran secreto, guardado en lo más profundo de su ser.  Hacía miles de años que anhelaba declarar su amor a la dama más bella que albergaba el Universo, por desgracia sólo la podía ver de lejos ya que ella tímida y coqueta, huía al percibir su presencia. Él era consciente que sus caracteres resultaban diametralmente opuestos, pero los amantes deben complementarse uno al otro. Las nubes, el mar, el Sol, las montañas, es decir todos sus amigos contaban maravillas de ella, resaltaban la paz, ternura y tranquilidad que transmitía allí por donde pasaba.
La Luna le consoló y, sensata como siempre, le hizo ver que ese era un amor imposible, en ese instante ella recordó también su quimérico idilio con el Sol, se afligió de tal manera que su perfecta redondez menguó un cuarto, pronto se repuso y aconsejó al Viento que buscase un nuevo amor, “tú eres fuerte y bravío, seguro que hallarás una maravillosa señora que te corresponda”, le comentó.

Cuentos imprescindibles
Lydia Tapiero Eljarrat. 17.12.17 Ampliar
Hola, soy Lydia Tapiero y los niños me preocupan.
Como escritora y madre siento la necesidad de hacer llegar a los niños los principios que no me transmitieron a mí en los cuentos infantiles, llenos de violencia, carentes de realidad. Enfocados a tratar a las niñas como personas delicadas que no pueden salir adelante sin un príncipe que las rescate. Y a los niños, siempre fuertes y valientes, en busca de una indefensa jovencita a quien salvar. Y yo me pregunto muchas veces ¿quién les salvará a ellos?
Mis cuentos se centran en la vida real de los niños, en su entorno.
Con el mundo tan fantástico y rico que tienen los niños ¿quién necesita prototipos que los transformen en lo que no son y nunca serán?
¿Por qué le voy a transmitir a mi hijo que llorar no es de hombres y a mi hija que su vida sin un príncipe no tiene futuro?

Cuestión de sentidos… no de morbo… PIERNAS
Estoy convencido de que al mundo lo sostienen las mujeres con sus piernas…
A “La mamá de los pollitos”.

Cuentos y relatos globales. 10.12.17 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Entro al bar para guarecerme de la lluvia que se venía. Entro no por otro interés ni porque busco el consuelo que aquí venden…digo consuelo pues soy de los que creo que los sentimientos no se negocian… pero quién sabe… es cuestión de sentidos…
En el sitio, ahora, estamos el administrador del bar, ella y yo. Afuera la lluvia es inclemente.
Me siento en cualquier silla. En la rockola, Julio Jaramillo canta en forma de disco en medio de luces cambiantes. Mi tiempo no está aquí, mi mente tampoco. La diligencia laboral que había salido a hacer, por el temporal de octubre, ya no tiene lugar. Estoy atrapado donde menos me lo había imaginado: en un bar por culpa de un cielo roto… La gente en la calle corre buscando techo.
De pronto, alzo la vista y, en frente, de corto medio paso rojo y cruzada de piernas, como ofrecida en una atractiva vitrina, indiferente a mi fija mirada, mal sentada y en forma de deseo, aquella mujer me invitaba a la oferta… Todo, su rostro responsable de una belleza de ojos expresivos y de una pequeña boca sujeta a besos cortos, su cabello negro próspero en crecimiento y su porte, lo usa para su fin y lo une a sus eróticas maneras seductoras haciéndome prisionero del momento en busca de alguna decisión de parte mía…¡Qué piernas tiene! Son el objeto de su ofrecimiento…

Relato de alguna nostalgia…
El viajerito, o el sentir de un “pre viejo” que quisiera otra vez ser niño

Cuentos y relatos globales. 03.12.17 Ampliar
El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. Pablo Neruda
Escribe, Walter E. Pimienta Jiménez.- Los niños todo lo piensan, las armas, los asesinatos, la guerra, las violaciones, los abusos, el maltrato, el abandono, la indiferencia… uno cree que no; pero sí… todo lo piensan: la droga del barrio, el miedo a los adultos los arrasa…viven una tristeza diaria… Yo son un adulto, un “pre viejo” que a veces se siente niño y entonces, en este mundo duro de ahora, extraño a mi abuelo…era mi compañía… me cuidaba…Y desde que se fue me siento solo, añoro su albergue, sus cuentos, sus misterios, su trabajo diario incansable; pero ya no lo tengo. Él sabía de la guerra pero no me contaba para que siguiese siendo feliz… nunca me golpeó, ni me insultó; no peleaba ni con sus vacas rebeldes de ordeño; le era indiferente la lluvia y se bañaba con ella haciendo sus oficios… como que nunca le daba gripa como a mí; por eso duro 102 años . Mi abuelo era un libro sin editar y sin representante legal…Siempre tuvo una definición infantil a mis preguntas… ¿Qué es una cometa, abuelo?... Me miraba y me decía: “Un pájaro de papel”…¿Por qué los hombres no vuelan?... “Porque nacieron sin alas y son de la tierra”….

Memoria
En la cantina de 'Pajarito'
Cuentos y relatos globales. 26.11.17 Ampliar
*Si  nadie se acuerda  de las  cosas, entonces  no existieron
Escribe; Walter  E. Pimienta Jiménez.- Las cuatro de la tarde. En tres días es la fiesta de San Juan. Yo me hallaba libre, en vacaciones,  y desembarazado de las ocupaciones de estudiante de tercer año de  bachillerato. Me paré  en una esquina del pueblo pensando en el rumbo que daría en aquel momento a mi soberana individualidad de los  16  años cuando  se me  ocurrió ir  a  la  cantina  de  “Pajarito”, la antigua cantina de  la “la Niña Sara, su  mamá”, albergue  sempiterno de  borrachos soñolientos y   jugadores  de  buchácara que  ya se estaban  volviendo  viejos. Mi  espíritu deseaba expansión… en  un mesa de la casa dejé el  libro de español de Luis M. Sánchez  que repasaba;  mi  mente quería  estar  desocupada. Era todo lo  que me  pedía  el cuerpo y  nada  mejor para  ello  que  la  cantina de  “Pajarito”.

Cuentos que cuentan
El cajón de "Yeyo"

Cuentos y relatos globales. 19.11.17 Ampliar
*Nadie muere en la vispera, pero sí algún día.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuando Aurelio de  Jesús Morales Galvis, "Yeyo",  como  le decían en  toda  Baranoa, a sus  85 años de edad, después del último ataque de asma que sufriera  se enteró aquel viernes 12 de agosto que  nada  más le  faltaban cuatro meses y doce días para morir, resignado  y  pleno de  razón dejó  de beber pociones de ioduro de potasio, de bromuro y extracto de opio y, entonces, impulsado por  la aplastante realidad, a fin de evitarse imprevistos y "correquetecojos", sin que sus  familiares  lo  supieran, por la suma de $ 35.000, pesos se mandó a hacer  su  propio ataúd con Juan José, el  carpintero  del  pueblo.
Sin alarmarse, sin extrañeza alguna, con  la  compostura de  un  veterano  del  Ëjercito  Nacional y  cuadrándose  firme como en los tiempos en  que  siendo soldado sobreviviera a las  emboscadas de  "Sangrenegra" y  "Tirofijo"  en los montes de  Cajamarca, departamento  del Tolima, adoptando  la  colaboración de quien  con gusto ordena a su  sastre la confección de una camisa  y  un  pantalón, "Yeyo", hundido en  su  propio  alivio, se dejó  tomar  las medidas.

Elogio a mis zapatos
Cuentos y relatos globales. 12.11.17 Ampliar
Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- Mis  zapatos  y  mis  pies o, mejor, mis pies y mis zapatos, son  algo  vivo: caminan, escalan;  abren  caminos al camino, recuerdan sendas; escriben  historias. Tienen  el  deber  de  tropezar  con piedras y liberarse  de ellas con  la  caída…pero, con  todo, estoy  seguro, me llevan  de  regreso  a mi  casa aunque  sea  por  otra senda.
Mis zapatos y  mis  pies o, mejor, mis pies y mis zapatos,  me  murmuran  en  silencio  y  me piden  su  paseo  diario porque  caminar  es  ejercicio  de  pies y  de  zapatos, de zapatos  y  pies… y  porque  al  mundo  lo aperturó un  hombre  caminante, un  nómada feliz hasta  la  última gota  de  su  existencia perdido y  sin  culpa.
Meto mis  pies  en  mis  zapatos o  en ocasiones   son mis  zapatos  los  que  se  meten en mis  pies y murmurando  adioses,  salen a la calle,  requieren  salir  llenos  de  vida plena… Pero a veces, a veces  hay  zapatos  y  pies, pies  y zapatos  que  no  vuelven nunca más habiendo  emprendido  una caminata interminable disfrutando de un tiempo  sin tiempo, sometidos a la  urgencia  de  llegar temprano  a alguna  ninguna  parte,  prevaleciendo en  suelas  rotas, viviendo  unidos  a un cuerpo cansado  de  bosques,  de espinas, de guijarros… indiferentes a la  ruta eximida  de  la  responsabilidad cada vez  mayor  de  hincarnos para  que  agucemos los sentidos y  renovemos alientos dando  sentido  a un mundo  donde todo son  caminos, caminos  compartidos  con otros  que  en sentido  contrario, con nosotros,  también  van a la misma meta a la  que  aún no  ha  llegado ningún   humano que a pie, emprendió su victoria de  haber  sido previamente  el  primer  bípedo en  caminar con zapatos o en la victoria de unos zapatos que  caminaron con unos pies dentro…no  sé,  o algo  así…

Crónica del olvido
Nostalgia de los trompos de noviembre
Cuentos y relatos globales. 05.11.17 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez
"Trompo de siete colores,
sobre el patio de la escuela
donde la tarde esparcía
sonrisas de madreselvas,
donde crecían alegres
cogollos de yerbabuena,
trompo de siete colores,
mi corazón te recuerda."…

Autor; Alejandro Galaz.

MEMORIA
A los  seis años  del  fallecimiento  de  mi  madre, un 25 de octubre
Las gallinas de mi mamá, mueren de pie

Cuentos y relatos globales. 29.10.17 Ampliar
*“Vida pa’ que no te acabaras... ¡Carajo!", como dijo Diomedes.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez
- Atala, ándate o no  te  queda  una sola viva. Llévatelas  enseguida para  Barranquilla y véndelas  si es que alcanzan a llegar  vivas. Hay  peste  de  gallinas  en el  barrio y ya  las de Arcelia, la vecina, cayeron.
Así le dijo  mi  papá a mi mamá ese día, al  regresar  de la  casa  de  mi abuela  Cristina trayendo  la mañanera  noticia del desastre que diezmaba a los  gallineros  del  pueblo.
- Tendrás que acompañarme, hijo. No vayas hoy a la escuela. Son muchas y necesito ayuda. Confiemos en Dios y que  con su misericordia  pueda  venderlas- me dijo ella con voz de larga  preocupación. Serían  como las siete de  la mañana de un  marzo y  yo  tendría unos escasos  ocho o nueve años de edad cuando aquello.
Sin brote de esquizofrenia, corriendo detrás de ellas, las gordas gallinas se dejaron coger una por  una; las amarramos por  las  patas  con unos  ataderos  y atravesando los amarres con un palo, dispusimos el  viaje en el único  bus  que para entonces  había en el pueblo. Nos preocupaba que murieran en el camino.

Cuentos que cuentan
El cajón de "Yeyo"

Cuentos y relatos globales. 22.10.17 Ampliar
*Nadie muere en la vispera, pero sí algún día.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez..- Cuando Aurelio de  Jesús Morales Galvis, "Yeyo",  como  le decían en  toda  Baranoa, a sus  85 años de edad, después del último ataque de asma que sufriera  se enteró aquel viernes 12 de agosto que  nada  más le  faltaban cuatro meses y doce días para morir, resignado  y  pleno de  razón dejó  de beber pociones de ioduro de potasio, de bromuro y extracto de opio y, entonces, impulsado por  la aplastante realidad, a fin de evitarse imprevistos y "correquetecojos", sin que sus  familiares  lo  supieran, por la suma de $ 35.000, pesos se mandó a hacer  su  propio ataúd con Juan José, el  carpintero  del  pueblo.
Sin alarmarse, sin extrañeza alguna, con  la  compostura de  un  veterano  del  Ëjercito  Nacional y  cuadrándose  firme como en los tiempos en  que  siendo soldado sobreviviera a las  emboscadas de  "Sangrenegra" y  "Tirofijo"  en los montes de  Cajamarca, departamento  del Tolima, adoptando  la  colaboración de quien  con gusto ordena a su  sastre la confección de una camisa  y  un  pantalón, "Yeyo", hundido en  su  propio  alivio, se dejó  tomar  las medidas.

En el sesquicentenario de una inmortal obra literaria
María y Efrain, un amor de novela
Un amor por 150 años joven

Cuentos y relatos globales. 15.10.17 Ampliar
Escribe Walter Pimienta Jimenz.-  María, la hija literaria del gran escritor colombiano Jorge Isaac, es hoy todavía –para mí- una hermosa jovencita de 150 años de edad, trasegando en el éxito en que al escribir sobre el amor, su autor se arriesgara a creer que el mundo, tiempo después, no variaría con relación al más puro sentimiento entre novios.
Releo a María hoy y  me  dan ganas de enamorarme de Carmen Rosa otra vez y de amar de nuevo, invadido de esa naturaleza donde la inmortal novela tuviera origen sereno y  cantares de pájaros y el camino empedrado de los enamorados, indefectiblemente conduzca a la pintoresca finca “El Paraíso”, escenario donde el  espíritu de ella pervive en su juventud inmarcesible sin necesidad de los consejos anti arrugas de Amparo Grisales y, procurándose codo a codo un sitio entre las mujeres de ahora preocupadas porque “sin tetas no  hay paraíso”; o las “Rosario Tijeras” de tijeras tomar, en pleno apogeo de la literatura de pacotilla de  T.V., con sus “reinas del sur”, sus capos y  capas y los transformes de prótesis que a él lo  vuelven ella y a ella él, en tiempos de zafos y Lesbos “a punto de cocá” tras la conquista de un hombre por otro  hombre y de una mujer por otra mujer.

¿Tomamos un café? -Textos de vainas-
¿Murió Borletti?
Cuentos y relatos globales. 08.10.17 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Quien murió no fue el mago Borletti; murió Máximo Alfredo Hernández Durán, sería lo más exacto decir, porque el telépata, el clarividente, el prestidigitador, el nigromante, el médium e ilusionista de Macondo, indiviso y distinto al mismo tiempo, en uno de sus tantos maravillosos trucos inexplicables de habilidad e ingenio, llevando a cabo su más grande acto de evasión y desaparición, sin irse de la escena pero existiendo asimismo de esta suerte en la realidad imposible de sus propios actos de invulnerabilidad, seguro “aparecerá de nuevo vivo por ahí ”, y por siempre, en el recuerdo inmortal de quienes le conocimos y entendemos la mágica realidad de que la función del circo de la vida debe continuar…
Quien murió fue Máximo Alfredo Hernández Durán y no Borletti, quien vivirá para la posteridad en la justicia exacta de continuar haciendo aparecer y desaparecer palomas y conejos ahora en otro escenario especial: en el cielo..., lugar en que viven las almas de los justos después de muertos y donde Dios, como regalo llamando al más famoso mago del mundo, les permite gozos de felicidad completa en el corone de la glorias del paraíso…

¿Tomamos un café? -Textos de vainas-
Mi último  bar

Cuentos y relatos globales. 01.10.17 Ampliar
*No juzgues a nadie solo porque peca de forma diferente  que  tú, recuerda  que  hasta  el  diablo  es hijo  de  Dios. A “El Cafetal”, el  bar nuestro de cada  día.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Los años son malos, perversos,  infames, malvados, pérfidos,  canallas, infames,… y lo ponen a uno viejo y oliendo a viejo…son crueles y no  nos dejan esperanzas, no  nos dejan  llegar…y hoy, hoy  recuerdo mi último bar y el último beso travieso que allí  me diera  una puta más decente que una dama cachona, señora ama de casa…Dama, dama, de alta cuna, de baja cama, señora de su señor, amante  de  un vividor…como dijera la  fallecida  cantante española Cecilia.
En el  último  bar  en que estuve, vivía  Carlos Gardel. Lo  tenían colgado en una foto, dueño  de  unos  ojos  expresivos, de una sonrisa plácida y aplacible, de dientes  blancos perfectamente  parejos, sombrero  negro, de esmoquin presidencial y  haciéndole  mamola a la muerte que lo  mató en Medellín…¡Ah!... y  cantándonos “volver” en tono  de despedida, fatigada  la  guitarra en el  disco del  traga níquel… Era  inmortal en el wurlitzer atascado de monedas que lo  hacía  vivir, vivir y “volver  con la  frente  marchita”…
Yo  creo que cuando cerraban el  bar, Gardel se bajaba del  clavo y  se  iba a la cama a multiplicar gardelitos con todas las  putas de mi  último  bar…

Historias de la Taberna
El Capitán Ochoa
Cuentos y relatos globales. 10.09.17 
Javier Guerrero - Madrid- javierdivisa@yahoo.es . El capitán Ochoa podía ser uno de los dos o tres mejores clientes de Vinos de Campoamor de todo el país, pero yo nunca le vi borracho, aunque sí a menudo apesadumbrado frente a los barcos del muelle, como queriendo zarpar en uno de ellos. Tenía la cabeza muy grande, y una frente de dimensiones anormales, y por eso algunos muchachos le llamaban Frankie, y las manos eran como de labriego del norte, y tenía una cicatriz que nacía en el cuello y le llegaba hasta el pómulo derecho, que era como de cornada de Miura, pero el nos decía que se lo había hecho un pirata con su garfio, al lado del faro de Trafalgar. A continuación se ponía muy melancólico, y se daba con su abrigo raído y sus zapatos ingleses, un aire entre bohemio y lunático inspirador de miedos y afectos. Se bañaba casi todos los días, normalmente en la playa de La Costilla, con sus calzoncillos largos de algodón y su medallón de la Virgen del Carmen, y luego hacía unas flexiones de octogenario en apuros que daban algo de pena por aquello del deterioro físico y la soledad del viejo capitán Ochoa. Ampliar en Cuentosglobales.es


Cualquier parecido con la realidad puede ser ficción... o no.
Lydia Tapiero Eljarrat. 03.09.17 Ampliar
Estos magníficos personajes, han salido a pasear, se han aburrido de estar en las mismas páginas y andan buscando acción.
Así que, lectores de 'El cartero del mar', si algún personaje desaparece, quizá se encuentre dentro de este relato.

La mente no se jubila
 
La cabeza alta, sonriente, conservando el porte juvenil, pero mucho más envejecido. Se veía en sus manos, en su escasa cabellera gris, en su cara de haber visto demasiado. Sin embargo, seguía dando largas caminatas en las que nadie podía seguir su ritmo. En eso no había cambiado.
Un hombre del siglo pasado. Armando, mi padre.

Asfalto sin fin
Cuentos y relatos globales. 27.08.17 
Escribe  Marcos Manuel Sanchez
Mi jefe lo anunció dejando que sus palabras punzaran mis oídos:
–Es una misión hecha a tu medida.
 Con dos ojos negros como carbones examinaba mi cara mientras sus palabras se agarraban al aire igual que sanguijuelas a la piel de un enfermo.
 Animado por mi silencio, continuó desgranando lindezas:
–Esos dos camiones transportan mercancías muy distintas. El agente de la aduana de Irún confundió los papeles de modo que cada conductor lleva los documentos de carga del otro. Debes presentarte en Aranjuez cuanto antes. Allí te espera uno de ellos. Es de la Compañía Yamas.
–¿Y qué hace en Aranjuez?– conseguí decir con un temblor en la voz. El causante del mismo era un oscuro presagio.
–Cuando los de la aduana cayeron en la cuenta de su error, acordaron con los conductores que coincidiesen en la factoría de pegamento de Aranjuez, que es el punto de entrega de uno de los cargamentos. Entonces intercambiarán los albaranes. Ampliar en Cuentosglobales.es


Cuentos que Cuentan
El que espabila pierde

Cuentos y relatos globales. 20.08.17 Ampliar
*El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta. Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- En el abismo de su desasosiego y desolado en su propio silencio, Molina teme que un día de estos se separa de su mujer o, lo peor, que llevado por el temblor de voces interiores que le suben por la sangre, la mate.
Molina está  convencido desde hace  diez  noches, que Juana Escuriaza  le  es infiel y hasta entonces creía que solamente  era suya y  que  nunca otro  hombre le  disputaría la frescura de aquellos labios de miel,  la gratitud de su cintura, la cena de  sus  seños paraditos y  la  gratitud de su  vergel…Y, en  tal  caso, una ira profunda e  insuperable, como  cuchillo, se le entierra en el corazón…
 Molina  jamás  ha  pensado  en el  suicido; lo  considera complicado e  indigno y  de  baja  categoría y, por  lo  tanto, prefiere impaciente elaborar los  argumentos mentales que le  lleven a la verdad, empapelando el pensamiento con nombres y  más  nombres  de  hombres de los cuales uno de ellos tiene  que ser, indefectiblemente, el  amante de Juana.

-Historias para ganarle al olvido-
Charles Atlas y yo ...

Cuentos y relatos globales. 13.08.17 Ampliar
*Aprende a decir no a la publicidad, te valdrá más que saber latín.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- En la  contra caratula de los paquitos que  Josefa en su  tienda “EL  TRIUNFO” por  quince   centavos me alquilaba, en calzoneta  blanca, venía retratado Carles  Atlas. Ofrecía cursos por correspondencia para que uno fuera como él.
Con el  paquito a mi  alcance, tenía  siempre la  sensación de estar  frente al  fortachón de la  llamativa ilustración saludándonos  con un fuerte apretón de  manos, acción de la  cual salía más dolida  la mía según de fuerza poseía  la  fornido personaje que hasta  músculos de acero en las  orejas tenía.
Cuando vi  a Charles  Atlas por  primera  vez, tendría yo  unos  diez años de  edad y  pensé  enseguida que de  buscar ese tipo peleas callejeras por  ahí, para ponerlo  preso se necesitarían por  lo  menos ocho  policías que  le amarrasen como  a un toro, y  que  los atrevidos gendarmes no  fuesen unos alfañiques iguales a mí sino  unos cipotes  zamarros de  hombres como  decía mi  tía  Carlota.

¿Tomamos un café?  -Textos de vainas-
De mi mamá y  las compras por la Internet

Cuentos y relatos globales. 30.07.17 Ampliar
Con la tarjeta de crédito se puede comprar un lugar en el cementerio, pero no un lugar en el cielo.  Francisco Gutierrez Sumastre.  www.francisco-gutierrezsumastre.com
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Mi mamá nunca compró en los supermercados. En su tiempo no los había…, compraba en la tienda de la esquina o en los graneros y de allí venía cargada de bolsas y paquetes con viveres y artículos apostando por el éxto de que esta vez, a diferencia de las otras, le rindió más el dinero.
Mi mamá no hubiera dado en la tarea de realizar el mercado por la Internet como se hace en el “evolucionado” mundo de hoy…, con puntos por redimir y con pagos no con billetes y monedas sino con tarjetas de crédito y débito.
Mi mamá era de esas compradoras que debía tener a la mano el plátano y la yuca que compraba y  despicando el promocionado tuberculo, ver si ésta estaba buena; es decir, harinoza y, entonces, sin intermediarios, pesarla pidiendo “la ñapa” pagando el precio justo de lo que en verdad la misma valía.

Crónicas del otro Macondo -Historias para  ganarle al olvido-
Leonor y mi última cana

Cuentos y relatos globales. 23.07.17 Ampliar
Las canas no hacen más viejo al hombre cuyo corazón no tiene edad.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez .- Hacia los  años  ochenta, en plena efervescencia romántica de “la marimba” y cuando el mundo era menos aburrido, conocí a Leonor Chávez Hernández, peluquera de oficio y estilista por los  especulativos eufemismos del idioma que no  del pelo… Por  fortuna, para  mí, una destacada estrella en el  arte… La mejor.
Leonor  conoce la  cara y  la  cruz de  mi  pelo, ayer algo negri-castaño y ahora canoso: Tiene 34 años de ser mi “peluquera científica” y tras ella, cual si  fuésemos  accionistas de una sociedad  en comandita, para donde se  traslada la busco y la encuentro porque nadie como Leonor,  en mutuo entendimiento de pelos, tijera y  peinilla, me  motila mejor y, por  ello,  justo  es reconocerle estas palabras como quiera que  viendo mi  primera  cana, se topa hoy con una cosecha fantástica de éstas, en percance con uno que otro pelo negro ceñido todavía a la  vieja tradición de no querer encanecer…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Baltasar…

Cuentos y relatos globales. 16.07.17 Ampliar
Un campanero de campanillas
*…”Es mejor lo digan las campanas y no las palabras”.
Con consideración y  deferencia a sus hijos, nietos y nietas.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.-
Hay historias modestas, humildes, sencillas…y esta es una de ellas; historias que parecen un cuento, con héroes de valor anónimo, casi ignorados y que regresan a la mente y hacen volver la vista atrás…y allí están.
De Baltasar,  el  dueño de  estas memorias, supe alguna vez hizo de campanero municipal por su propia iniciativa y decisión,  quehacer en el que expuso  pericia, destreza y práctica. Lo de campanero seguro fue para él un “oficio” de segunda mano porque su legítima y verdadera  ocupación era el campo, cultivando y cosechando la tierra con la fe y la  dedicación de quien saca de ella, y con el sudor de la frente, el sustento de los suyos.
Baltasar fue la impronta de una época, ligado a  un tiempo que el mismo tiempo quiere hacer borrar  en la mala memoria de quienes no quedan recuerdos porque acudir al pasado no les sirve para  decirnos quienes fuimos, quiénes somos, y quienes seguiremos siendo y hasta cuándo…

Carta a mi hermana
Cuentos y relatos globales. 09.07.17 Ampliar
Luis Antonio Ismael Muro Mesones.-  En esta madrugada, cuando de afuera el chirrido del  grillo me atrae con su canto y veo  a través de la ventana el cielo y como titilan   las estrellas. Entonces  mi sonámbulo sueño se aleja y el insomnio me invade yendo más allá de mi cansancio. Me sucede que  una extraña nostalgia  me invade entre la dulzura y la pena de los recuerdos idos. Empiezo a ordenar los sucesos de una forma contemplativa, repasando todo lo que siento ante esta hoja vacía que será mi carta, sin saber cómo empezarla y acomodar todo lo que deseo escribir. Acompañado así, en un sinfín de sombras y chirrido del grillo, estoy tratando de escribir algunas líneas, acomodar las palabras que el sentimiento me dicta. Me perdono el hecho de utilizar este tono silente, al que mi ser con perfil noctambulo no puede sustraerse, pienso que es la noche que de cierta forma se ha armonizado con mi persona y también porque quisiera perderme en la música de ese único grillo que canta: ¿Será que el canto de ese grillo me resulta tan familiar, como si fueran sus telegramas de antaño?  ¿O es  que por este hecho cedo y no puedo simplificar o dejar de lado este momento que me rodea?...
“En esta carta te   suplico perdón, que como hermana me concederás, esta vez por el haber empezado así mi misiva; sin ese orden que por costumbre hemos normalizado, como es: primero  el de saludarnos y después el de desearnos que nos mantengamos bien de salud. Esto te demostrara en si no  tanto mis malos modales o mi olvido, sino más bien, mi estado de soledad y egotismo en el que ahorita me encuentro sumergido. Pero también a modo de explicación y excusa, te digo que en este basto silencio de la noche, te e intuido ya como en otros tiempos, y te me rebelas por ese sexto sentido filial que nos une; el verte feliz.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Comiendo con las manos
Cuentos y relatos globales. 02.07.17 Ampliar
…Siempre habrá  manos  bien prestas para una comida en la mesa dispuesta
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuando mi mamá, de niño,  me veía comer con las manos; es decir, usando apenas  una  cuchara de platina y jalando a placer el gozoso pedazo de carne frita, guisada o asada que completaba mi plato junto con una porción de “arroz volao”, dos tajadas de plátano frito, y dos o tres rodajas de bollo  de yuca chorrerano, todo aquello complementado con un vaso de agua de panela...ah…y masticando ruidosamente, haciendo muecas y gesticulaciones, me decía: “Ves hoy mismo  donde Josefa para que veas como come la gente”.
…Y fui… ¡Y oh sorpresa la que me llevé! Los comensales del restaurante de Josefa, comían todos armados de cucharas,  trinches y cuchillos, sin ensuciarse las manos y saliendo ilesos del peligroso lance…
Comían o más bien almorzaban en el restaurante referido, entre otros, los profesores: Casalins, Álvarez,  Torres, Henríquez y Acosta; el recordado padre Robles, el juez, de vez en cuando  la telegrafista, los empleados de la Caja Agraria, los conductores y ayudantes de los camiones que traían de Barranquilla las bebidas gaseosas y la cerveza; algunos policías y ocasionales  visitantes y vendedores de cosas (¿?),  que en diligencias de negocios llegan  diariamente al pueblo.

El Pinar; primer centro educativo andaluz que gana el certamen nacional ‘Hagámos Cuentos de Ciencia’ de la Obra Social de La Caixa
Colegio El Pinar. 01.07.17 Ampliar
Con el relato ‘La señora no bien vista’, la joven Eva Nagore García se convierte en la primera alumna andaluza en obtener el Primer Premio en el prestigioso concurso estudiantil de divulgación científica de EduCaixa, que este año ha alcanzado su Decimoquinta edición
Tea Stilton, Rachel Renée Russel, Roald Dahl, Junie B. Jones o David Williams son algunos de los autores de la pequeña montaña de libros de literatura infantil que Eva Nagore García acumula a uno de los lados de su cama. Devoradora de libros desde los 4 años, lo que nunca imaginó la joven estudiante de Sexto Curso de Primaria del Colegio El Pinar es que un día daría el salto al otro lado de la barrera para convertirse en creadora de su propia historia. De lectora a escritora en un giro del destino que la ha llevado nada menos que ha convertirse en la primera alumna andaluza en lograr uno de los premios nacionales de narrativa que otorga la Obra Social de La Caixa.
La joven malagueña se ha alzado con el máximo galardón de la Decimoquinta edición del concurso ‘Cuentos de Ciencia’, un prestigioso certamen estudiantil organizado desde el área didáctica de la Fundación La Caixa que busca promover el interés por el pensamiento científico entre los estudiantes de toda España a través de herramientas literarias o plásticas que traten esta área del conocimiento con imaginación y frescura. El objetivo final es estimular la mente de los menores con una iniciativa de creación literaria que les ayude a desarrollar cuestiones del ámbito científico que son objeto de estudio en sus respectivos planes curriculares.


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
 Jaime el relojero o el dueño del tiempo

Cuentos y relatos globales. 25.06.17 Ampliar
*Deja que el tiempo pase; todo está por venir.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo no sé si Jaime sigue siendo relojero; en ese oficio lo conocí hace unos años…De entonces tenía Jaime la virtud de mirar el reloj dañado y sin abrirlo siquiera y, adelantándose al dictamen, decir  de qué padecía la máquina del tiempo; es decir, por qué no andaba  o se atrasaba cuando no  era que de pronto  se adelantaba…Siendo lo bueno  que luego de abrirlo, te decía: “No te lo dije… yo tenía la razón”. Y no era que no la tuviera sino que nunca le faltaba… Si no que lo  diga Jaime…
Soy de los que cree que el oficio de relojero no se aprende. Se trae en la sangre y, con la práctica, luego de mil relojes que van a quedar más dañados de lo que estaban, se compone el primero, luego el segundo y todos los demás…Jaime no lo confesará pero  tuvo que haberle  sucedido… de otro modo ni hubiese sido relojero…Si no que lo  diga Jaime…
Un relojero como Jaime, no es un relojero cualquiera… Abundan  muchos pero no como él que en cambio echan a perder mucho más los relojes y, de paso,  a la noble profesión. El relojero no busca  trabajo, monta su negocio que es como poner a prueba su honradez, su capacidad y,  en el ramo,  a lo sumo,  se vuelve un especialista en relojes despertadores,  de pared o de manilla…Si no que lo diga Jaime…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El carton del Vale

Cuentos y relatos globales. 18.06.17 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Vale: documento comercial, para pagar ya sea un producto, o bien un servicio. Puede representar el pago total o parcial (descuento inmediato en el momento de la compra por la cantidad que aparece en él).
Toda una  “gran institución económica” fue en su  tiempo  el cartón del  vale que en las tiendas del  pueblo, para  adquirir  productos y víveres fiaos, por días, semanas, meses y  hasta años, estuvo en uso y  abuso en el  absoluto silencio de números y más  números con los que, desde luego, no  se podía  hacer  una poesía sino  una larga y  casi  interminable suma de cifras escritas a lápiz con mano  fervorosa y puño  firme  y  vital  para  que estas no  se borraran y llevaban, de la manera más intrínseca y  característica, el acento inapelable de cobro  por  parte de un   tendero dispuesto a  escuchar de mí abuelo, a la hora de la paga, los siguiente: ¡Qué Dios te lo pague!  Y yo me lo trague…
El  cartón del  vale, precisamente llamado  así porque, en efecto, era un cartón de esos  en que  venían empacados cigarrillos extranjeros y de contrabando como  el Kent y el Marlboro, y  que en su parte  reversa estaba impecablemente en blanco y resultaba  muy  útil  para escribir anotaciones  y  número en ellos, convocó, en tal época, a los  buena y  mala paga y sirvió  de testimonio, a manera convenida de cancelación, a la  hora de tener  que enfrentar domésticos apremios económicos que, bajo las condiciones y  sometimientos exigidos por  el dueño de la tienda, se manejaba lo  mismo que “un instrumento esencial de crédito”…mientras clavado en una  de las  paredes del negocio, con letras  rojas y negras, se leía este intimidante aviso: “EL QUE FIA SALIO A MATAR A UNO QUE LE DEBIA”… Y al lado de tan peligros  anuncio, la  infaltable lista de  morosos con nombres propios  y apodos como  para que  nadie se enterara.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“Espiritualito”, imaginario amigo niño viejo

Cuentos y relatos globales. 11.06.17 Ampliar
"Bacano haber tenido cuando niño  un amigo  imaginario, no se enfermaba, no peleaba contigo aunque le rompieras  la cabeza y siempre estaba  ahí. Lo  barro era que a uno  no  le  creían que existía”
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Espiritualito” me acompañaba  a todas partes  cuando yo, de  niño, con él jugaba a solas y no le veía por ningún lado pero con este hablaba…Tenía mi edad… era mi amiguito imaginario; quizá mi mejor amigo hasta  hoy.
Tenía cosas buenas  “Espiritualito” en aquel  tiempo…  me sabía escuchar…Me miraba y no perdía interés en lo que le decía, así fuese algo trivial e insignificante, a veces mentía.  Le gustaban los perros y los gatos como a mí…. Hablábamos  por teléfono…aquel teléfono de vasitos de cartón e hilo que  los niños de antes hacíamos para oírnos a nosotros mismos…que también es la mejor manera de oírnos…


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