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Unviajero arquetípico. VII (El Auriga-El Carro) (La voluntad humana)

Adriana Ruiz Díaz. 28.12.10 

“Todos los estadios del árbol se encuentran en la semilla. Pero se necesita de la habilidad de los cuidados de un jardinero para que se manifiesten. De igual modo, la pureza, el buen carácter, el conocimiento, la sabiduría, el descubrimiento de los secretos y la iluminación se encuentran en la esencia del hombre. Pero se requieren  atención y  cuidados para que se expresen.
Todo lo que buscas está dentro de ti.” Azizoddin Nasafi Siglo XIII
Con esta imagen del arquetipo nº VII, termina el trabajo del primer septenario  del Tarot; el trabajo de la personalidad humana se ha completado, ahora el auriga revestido de autoridad y confianza tendrá que usar esta personalidad para dominar la mente, las emociones y conducir su vida con todas las herramientas y conocimientos de los que  dispone.

Es el camino de la experiencia y de las múltiples vivencias. El conductor del carro  lleva  su vida preso en la materia, su sangre real le relaciona con las estrellas,  sus instintos y emociones  carecen de riendas visibles; dividido en la dualidad, sólo la semilla divina del escudo, su ser inmortal, le recuerda su filiación a la unidad; ese será su verdadero escudo protector capaz de movilizar su voluntad: recordar quién es.
Bajo cualquier presión, situación o circunstancia tendrá que preguntarse una y otra vez ¿Quién soy yo? Y decidir no sólo quién es, sino quién quiere ser.
Este arquetipo se encuentra sometido a la personalidad material; su misión se encuentra en poner esta personalidad al servicio de la voluntad universal.
Duro trabajo para el auriga que ignorante de su procedencia y de su destino busca el mayor placer, beneficio y poder en el mundo material.
 ¿Despertará de su sueño? ¿Reconocerá su ascendencia? ¿Su unidad básica con todos los seres? ¿Volverá su mirada hacia el infinito interior de sí mismo?
Nos quedamos con unas palabras de Krishnamurti sobre el conocerse a sí mismo y el observar para conocerse, palabras de los sabios que pasaron antes que nosotros.
-Señor, ¿cómo podemos conocernos a nosotros mismos?
K: Es una buena pregunta. Escuche con atención. ¿Cómo conoce usted el aspecto que tiene? ¿Comprende mi pregunta? Usted se mira al espejo por primera vez, y después de unos pocos días, o unas pocas semanas, vuelve a mirarse y dice: «Ese soy yo nuevamente» ¿De acuerdo? Así es que, mediante el mirarse cada día al espejo, usted empieza a conocer su cara y dice: «Ese soy yo».
Bien, ¿puede, de igual manera, conocer lo que usted es mediante el observarse a sí mismo? ¿Puede observar sus gestos, la manera en que camina, cómo habla, cómo se comporta; si es duro, cruel, grosero, paciente? Entonces empieza a conocerse. Usted se conoce a sí mismo observándose en el espejo de lo que hace, de lo que piensa, de lo que siente. Ése es el espejo: el sentir, el hacer, el pensar; y en ese espejo, usted comienza a observarse. Ahora bien, si el espejo dice: «Éste es el hecho» pero a usted no le agrada el hecho y quiere modificarlo, empezará usted a deformar el hecho y no lo verá tal como es.
 
Como dije el otro día, uno aprende cuando hay atención y silencio. El aprender tiene lugar cuando usted se halla en silencio y concede su atención completa sin querer modificar nada. En ese estado comienza a aprender.
Ahora permanezca en silencio, no porque yo se lo pida, sino porque ése es el modo de aprender. Esté en silencio y en completa calma, no sólo en el aspecto físico, no sólo en su cuerpo, sino también en su mente; permanezca muy silencioso, y entonces, en ese silencio, atienda.
Atienda a los sonidos que hay fuera de este edificio: el canto del gallo, los pájaros, alguien que tose, alguien que se despide; escuche primero las cosas que están fuera de usted, y luego escuche lo que está pasando dentro de su mente. Y en ese silencio verá, si escucha muy atentamente, que el sonido externo y el sonido interno son una misma cosa.

AURA-SOMA(cromoterapia): la botella nº 7, también llamada “Huerto de Getsemaní”,  Amarillo/ verde; la prueba de fe, la confianza en el proceso de la vida, confianza ante las pruebas y obstáculos. Es el fin de los límites que nos imponemos a nosotros mismos.
FLORES DE BACH: La aulaga, proporciona un sentimiento de fe y certidumbre, la capacidad anímica de la esperanza.
CRISTALES: Ágata, útil para discernir la realidad, refuerza y tonifica el cuerpo mental, estabiliza la energía física.

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