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XV. El Diablo, El portador de la Luz

Adriana Ruiz Díaz. 18.03.11 

Lo que está sucediendo estos días en las centrales nucleares de Japón después de la tragedia del terremoto, me ha llevado a añadir una imagen de la central nuclear para este arquetipo. El empleo de energía nuclear es otra faceta de la locura y soberbia humana; muestra, al igual que las fotos de Jonás,  que el diablo no está fuera de nosotros mismos, e ilustra,  lo que más abajo sigue.
Vivimos en este planeta con muchísima suerte, un máximo de cien años, pero nos permitimos contaminar para 100.000; tantos años adelante como los que hay atrás, desde que el antecesor de los humanos modernos comenzara a caminar sobre la Tierra.
El pueblo japonés está asumiendo el coste de una gran lección planetaria que es de todos, que al menos sirva para mover la conciencia del resto del mundo a realizar los cambios necesarios. No les permitamos a los políticos y al lobby de la energía nuclear seguir engañándonos. La energía nuclear no es una alternativa para el sucio petróleo.
Que nuestra solidaridad y compasión  acompañen al pueblo japonés.

La foto de este galgo que también se llama Jonás como el Jonás bíblico, son una muestra de la crueldad humana, las he elegido como imagen del “efecto Lucifer” y del arquetipo de El Diablo.
 Si miramos con detenimiento vemos que los ojos  del animal expresan el dolor, el sufrimiento sin más, no hay resentimiento, ni denuncia; los animales no se hacen preguntas ni acusan a nadie.
A Jonás lo encontraron en un contenedor  de basura, vivo pero sin apenas respirar; lo recogieron para que tuviera  una muerte digna, ya que su vida había sido un infierno, pero Jonás decidió vivir. En la tercera foto, con esa expresión que sólo pueden tener los perros cuando son felices, Jonás nos está mostrando que a pesar del mal, el amor es superior a todas las cosas.
Los animales  comparten nuestra vida, muestran nuestra imagen y son nuestros espejos. Ellos reflejan nuestro estado del alma.
 “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de hermosura” (Ezequiel 28:12)
“Te advierto, quien quiera que fueres, Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses.”
Inscripción en el Frontispicio del Templo de Delfos, en Grecia.
¿Qué ocurre si te encuentras con un objeto con la rara habilidad de sacar a la luz las sombras y de devolver las sombras a la Luz?
Probablemente será tan fantástico como difícil de aceptar.
Cuando pensamos  en la idea de conocer y cumplir nuestro destino, nuestra misión en el mundo, nos vemos como protagonistas de una tarea importante, deslumbrante, creativa o heroica. Pero tenemos el claro ejemplo en la historia bíblica de Jonás, cuando Dios le dice: “Ve a Nínive”… Jonás coge un barco en sentido contrario con destino a Grecia, Jonás no quiere cumplir su destino.
 La voluntad de Dios (Universo, energía consciente, Consciencia  Cósmica o lo que quiera que sea para cada uno de nosotros) es algo terrible desde el punto de vista del ego humano, y desde ese mismo punto de vista, lo más difícil de aceptar; sin embargo la confianza en esa voluntad, es la llave del tesoro escondido. Es frecuente una vez que se han adquirido ciertas habilidades, encontrar  el tesoro y no atinar con la llave.

La trampa de este arquetipo es precisamente la de hacernos sentir vacíos y atrapados, sin posibilidad de salir a la luz exterior prisioneros de sus sombras y engaños. Aparece cuando perdemos nuestra libertad   y son otros, en apariencia con poder,  quienes  deciden por nosotros, quedando nuestra voluntad obligada por miedo a su autoridad o, sometida a cambio de beneficios y prebendas (ya sean esos beneficios terrestres o la promesa de los celestes). Cuando perdemos la libertad interior, vamos perdiendo la exterior, nos convertimos paulatinamente en simpatizantes, seguidores, adictos y esclavos.
La función de El Diablo como arquetipo, es la de ocultar la luz de la que es portador. Lucifer o Luzbel, el “Lucero del Alba”, la “Estrella de la Mañana”, el “Portador de Luz” es llamado también “El Príncipe de este mundo” (Juan 12:31; Corintios 4:4; Efesios 2:2; Ezequiel 28:15; Timoteo 3:6).
Sin embargo sus súbditos no le reconocen y apartan la mirada de su propia oscuridad, con lo cual se incapacitan para el reconocimiento y gobierno de la totalidad de sí mismos.
Dícese que: Cada vez que en su proceso evolutivo un ser humano alcanza el Reino Arcangélico, redime la porción de Lucifer que hay en él.  
“Lucifer o Satán es “el Príncipe” de este mundo terrenal, se pasea a sus anchas por los mercados bursátiles, por la banca, por las bandas magnéticas de nuestras tarjetas de crédito, por las grandes corporaciones financieras, por las instituciones eclesiásticas, por las calles, por los colegios de nuestros hijos, por los hospitales, por internet, por cualquier medio de comunicación, por los guiones cinematográficos, por la prensa, y por y desde todas las conspiraciones… alabado por “grupos de poder en la sombra”
http://www.elblogalternativo.com/2010/12/20/el-mito-de-la-caida-de-lucifer
Los seres humanos tenemos una falsa imagen de nuestra percepción individual, poseemos una facultad que preferimos ignorar, y es el conocimiento, de que  bajo determinadas circunstancias que serán diferentes para cada uno de nosotros, todos podemos traspasar  la permeable e invisible línea que separa el bien y el mal.
Philip Zimbardo (El efecto Lucifer) a través de sus estudios, mantiene, que si bien hay una predisposición en determinados elementos hacia el mal, no son las manzanas podridas de un canasto las que pudren al resto sino que el mal está en el canasto. Sobre todo que el peor daño no lo causa la pequeña minoría predispuesta hacia el mal, sino la complicidad, el silencio y el no hacer nada del resto.
Cuando llegamos a lo más profundo de nuestro viaje nos encontramos con el rechazo rotundo del hecho, de que tenemos una sombra, de que no somos  los seres angelicales que creíamos ser, que los malos no son “los otros”, que la Luz no se encuentra negando la oscuridad, que hemos creado a un Dios y a un Diablo, justo para colocar fuera de nosotros todo aquello que somos incapaces de tolerar, asumir e integrar.
Es fácil imaginar, que en el pasado no fueron los magnánimos, ecuánimes pacíficos y justos, los que más oportunidades tuvieron de transmitir sus genes, es fácil entender cómo hemos llegado a este punto y parece que ya es hora de que las cosas cambien y mejoremos nuestro código genético y nuestro destino evolutivo como especie. Si cambia nuestra forma de pensar y de actuar, cambia la química del cerebro y esto afecta a su funcionamiento biológico. La cuestión es pensar qué clase de mundo queremos y qué queremos sembrar en nuestra mente y en la mente de las próximas generaciones.

Negar nuestras propias sombras, mantenerlas atadas y escondidas, no nos exime de sus efectos. Sacarlas a la luz, reconocerlas, dejarlas expresarse bajo nuestra atenta observación e integrarlas como parte de la totalidad de nuestro ser, es un acto que nos permitirá en todo momento decidir quiénes somos  sin el peligro de que las partes escindidas e ignoradas como nuestras, asalten la plaza y se adueñen de la ciudadela.
Cuando esto ocurre  lo ocultamos, incluso a nosotros mismos o  lo justificamos.
La buena noticia es que cada uno de nosotros puede decidir en cualquier circunstancia, QUIÉN ES. No somos prisioneros de nada; Nadie puede decidir por nosotros al menos que le otorguemos ese poder.

Lucifer es utilizado por y para un fin dentro de cada ser humano: que el hombre tome consciencia de que ninguna fuerza es más poderosa que de la que él es el portador que la oculta: la fuerza del Amor, Quien todo lo puede, Quien todo lo conoce, Quien todo lo logra.

En Aura-Soma, la botella 15, representa el momento en que uno mira dentro profundamente y hace frente a la propia sombra, en vez de pensar que todo lo malo le viene de fuera, reconoce sus sentimientos negativos y los acepta. Es  en este preciso momento  se hace posible  la purificación interna.
Hay otra botella en Aura-Soma, la nº 100 (el arcángel Metatrón) plata-magenta profundo, cuya afirmación dice lo siguiente: “alumbro mis sombras y veo con claridad absoluta”.  Esta botella de equilibrium complementa a la purificación   del Diablo. Al  alumbrar lo que previamente no queríamos ver, las zonas oscuras,  encontramos no sólo nuestras partes negativas si no los tesoros hasta entonces escondidos e ignorados, las potencias de nuestro Ser Verdadero. Si la botella del diablo procura el reconocimiento y la purificación, Metatrón abre definitiva y totalmente la puerta de la transformación.

 Las dos  direcciones que acompañan estas líneas, corresponden a  dos intervenciones de Philip Zimbardo, profesor de psicología e investigador del comportamiento humano, autor del libro “El efecto Lucifer”. Ambos documentos son de un gran interés.

http://www.youtube.com/watch?v=P3rLJXqRS88&feature=fvw

http://www.google.es/#q=philip+zimbardo+redes

adrianaruiz439@hotmail.es 952412346/60591139.Los lunes a las 7 en la Librería Alborada, Avda. del  Mediterráneo-Alhaurín de la Torre.

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