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Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca9 usuarios en línea • Miécoles 19 de Septiembre de 2018
¿Es posible superar el nacionalismo? ¿Por qué encuentra tantos adeptos?
Adriana Ruiz Díaz. 30.10.17 
Salir del laberinto de una idea que se ha convertido en un estado mental, requiere voluntad, reconocimiento, madurez, información veraz y ayuda, y sobre todo, el deseo de querer hacerlo. Es difícil salir de un estado emocional, personal o colectivo, al que se está apegado. Por ilusorio que este estado sea.
Estamos en un tiempo extraño, o quizás siempre es el mismo tiempo cíclico que se repite. Tenemos algunos problemas, vivimos algo peor que hace unos años pero mucho mejor que nuestros padres e infinitamente mejor que nuestros abuelos. Pese a ello, nuestras garantías de futuro parecen poco fiables.
Se palpa en la juventud y en general, una falta de emoción ilusionante por el futuro; un declive en las perspectivas vitales pese a los esfuerzos, ya sea como desempleados, trabajadores o estudiantes; una ausencia de pasión por los proyectos  como sociedad que confía en salir adelante y progresar. Ni siquiera los jubilados que pierden cada año poder adquisitivo, pueden estar seguros de que seguirán cobrando sus pagas a fin de mes indefinidamente.
La corrupción de las élites políticas, ha supuesto un mazazo a la confianza en los poderes públicos  y en sus dirigentes. Los que se sitúan en la cúspide de la pirámide, habrían  de estar a la altura de sus privilegios, pero en numerosos  casos, no lo están.  
El nacionalismo catalán y antes el vasco, ha concitado a un número  muy importante de personas, unidas en una fuerte emoción de pertenencia a una tribu. Ellos  han  prestado oídos a un proyecto que apelaba a un gran cambio social, donde todos los males endémicos de las instituciones serían erradicados.
No podemos culparles por soñar y querer un cambio, aunque detrás se sitúen  quienes manejan los medios, las banderas,  las medias verdades  y  los hilos: una burguesía, la catalana,  y una clase política descontenta,  que quiere mayores privilegios y más poder.
Superar el nacionalismo es superar la etapa de los cuentos y la virtualidad ensayada y  deliberadamente sesgada de los cuentistas. Es madurar y desear que los pueblos del siglo XXI,  evolucionen  en la búsqueda de  la cooperación y el bien común  hacia una ética impecable, mediante una  educación social que haga de los ciudadanos  personas y no  militantes. Requiere además,  situarse por encima de  los odios creados por las ideas.
Mientras no sean estos los objetivos,  todos los escenarios que se planteen  serán dolorosos y vanos.

Algún sabio en las redes, daba unas pautas de reconocimiento de la bondad de un proyecto  mediante preguntas sencillas:
"¿Viene del amor?
¿Agranda el alma?
¿Invita al hermanamiento?
¿Mejora la vida?
¿Abraza la suavidad?
¿Redunda inclusiva y positivamente?"...

Habrá que hacerse muchas veces estas preguntas.
Los sueños probablemente no sean imposibles de realizar, aunque habrá que aprender a soñar sin dividir, lograr sin excluir y avanzar sin destruir.
¿Estaremos a la altura? Cada persona de este país, nacionalista o no, habrá de dar respuesta a esta pregunta.

Adriana Ruiz Díaz.

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