Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca usuarios en línea • Sábado 24 de Agosto de 2019
Noche mágica
Pedro Biedma. 06.10.18 
Mágica noche de un cinco de Enero, Juan caminaba cabizbajo, por una solitaria y desconocida. De sus ojos se desprendían, ordenadas y sin pausa, cientos de lágrimas que iban a morir en el cuello de su jersey.
La luz de una inmensa luna llena, más llena que nunca, alumbraba su deambular.
El sonido del gentío martirizaba sus oídos, Juan aceleraba sus pasos para alejarse de él. En su mente, la imagen de su esposa lamentándose de dolor y la voz temblorosa de su hijo pequeño, lanzando preguntas imposibles de responder, se repetían una y otra vez.
De repente al alzar la cabeza, una figura apareció frente a él, un señor disfrazado de Rey Mago, barba incluida, se plantó delante impidiéndole el paso.
Trató de esquivarlo pero el Rey maniobró a su par, posó su mano en el hombro de Juan, le acercó su boca al oído y le susurró:
•    “amigo, esta noche es pura magia, eres un ser extraordinario y te mereces un regalo, un gran regalo de Reyes, pide lo que más deseas en estos momentos y te lo concederé”.
Creyó que se trataba de un bromista y él era la víctima perfecta para sus burlas, pero hoy no estaba de humor, no soportaría bromas de nadie, hoy no.
Hace unos años seguramente hubiese sonreído y le habría respondido cualquier tontería, pero hoy no, así que con un golpe seco apartó la mano del señor disfrazado y le respondió malhumorado:
•    “Por favor déjeme tranquilo, siga su camino y busque a otro para mofarse de él”.
El Rey Mago insistió y repitió la frase anterior, añadiendo estas palabras:
•    “Se que no me cree pero no pierde nada por seguirme la corriente, reclame eso que tanto anhela y que merece con creces, aunque sea en su interior, yo le escucharé igualmente y su deseo se hará realidad”.
Juan no quiso discutir y por unos instantes se dejó llevar por la imaginación, casi sin querer y sin articular palabra alguna, su cabeza tomó el mando y pronunció en silencio una larga frase, nada más acabar, el Rey le comentó sonriendo:
•    “Tus deseos son órdenes para mí, amigo Juan”.
Al oír que pronunciaba su nombre quedó perplejo y avanzó unos metros con la mirada clavada en la preciosa luna reinante, un impulso le hizo volver la mirada atrás y observó que el señor disfrazado ya no se hallaba allí,
•    “seguramente habrá salido corriendo, satisfecho por su broma de mal gusto, Juan es nombre muy común” pensó.  
Agachó la cabeza y continuó su camino, triste y abatido, hasta llegar a su domicilio.
Antes de abrir la puerta, advirtió extrañado, como al otro lado su mujer e hijo reían a carcajada limpia, algo impensable horas antes.
Nada más entrar, su pequeño se abalanzó sobre él y le dio un beso en la mejilla como solía hacer antes. Su esposa se encontraba de pie, su rostro reflejaba felicidad y vitalidad, lucía un el vestido ceñido que tanto le gustaba y que dejaba ver toda su hermosura.
Por unos instantes quedó petrificado, reaccionó y se dirigió raudo a su alcoba, ni rastro de las cajas de medicamentos que decoraban su mesita de noche horas antes. Corrió hacia la carpeta donde guardaban todas las pruebas y documentos médicos que con tristeza habían acumulado estos dos años, perplejo comprobó que en su interior solo había recibos y facturas pagadas. Tartamudeando, preguntó a su mujer:
•    “¿Dónde están los documentos de tu tratamiento, de tu operación de mama?”.
Ella cambió su gesto, le miró fijamente y respondió:
•    “¡Juan!, ¿has bebido?, ¿qué tratamiento?, ¿qué operación?, ¿de qué me hablas?”.
Entonces descaradamente se acercó a ella y sin importarle la presencia de su hijo, posó con fuerza su mano derecha sobre el seno izquierda de Ana.
Apretó una y otra vez, sin pudor introdujo su mano por el interior del vestido hasta tocar el erecto pezón, a la vez se pellizco la cara para cerciorarse de que no se encontraba dormido, ella sonrojada gritó:
•    “¡Cariño!, por Dios, compórtate, échame el aliento”.
Juan comenzó a saltar y reír como un loco por todo el salón hasta que una intuición le condujo a la ventana, donde pudo contemplar como un señor vestido de Rey Mago se encontraba en la calle. Justo frente a su casa, el Rey sonrió, realizó una señal con el dedo pulgar hacia arriba y pronunció una frase que solo él pudo escuchar:
•    “Te lo decía, hoy es una noche mágica y tu merecías un gran regalo, el cáncer de mama ya es solo un mal recuerdo”.  
Esta noticia ha recibido 683 visitas       Enviar esta noticia




<-Volver
Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los andaluces a expresar sus opiniones en este periódico digital.
andalucia.press no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor.

Envíe su artículo o carta a:
redaccion@andalucia.press


andalucia.press
Periódico Independiente
Málaga

Depósito Legal:
MA - 1.023 - 2000

Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet

Director: Alejandro Ortega
Fundador: Federico Ortega

952 410 658
678 813 376
contador
visitas desde nov. 1998