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Universidad y excelencia
Jose Maria Barrionuevo Gil. 28.10.18 
Siempre se ha dicho que “Año de nieves, año de bienes”, pero, cuando escuchamos una y otra vez hablar de la excelencia que nos proporcionan los estudios universitarios, nos podemos quedar congelados, cuando los bienes se los lleva la tropa burocrática del Estado para los suyos. Y nosotros entendemos por excelencia algo más de lo que se pueda entender un cartel, porque de cartelería estamos hasta el gorro. Las apologías de la excelencia nos copan nuestros oídos, sobre todo, cuando media la política y sus palmeros. Hace la friolera de cincuenta años, nos contó un maestro que cuando él se presentó a los exámenes, por libre, de Primero de Magisterio, en el de Matemáticas, se salió, porque reconocía que no le había dado tiempo a prepararlo bien. Cuando la profesora vio que se marchaba sin entregar le insistió para que entregara con lo que había hecho. El estudiante de entonces le dijo: “Señorita, si yo me he estado preparando con ese compañero y a mí no me ha dado tiempo. Por eso ahora le ahorro la corrección y vuelvo la próxima vez”. El estudiante, que era de los que estudiaban, se salió de todos modos, a pesar de la insistencia de la profesora.
Un compañero, hace pocos años, nos ha contado que, cuando estaba terminando la Licenciatura de Filosofía y Letras, se presentó a un examen de Dialectología. En el examen el profesor era un amigo suyo del tiempo de mili, ya que habían estado en la misma Compañía. Cuando decidió salirse del examen, el profesor le dijo: “Entrega, antes de irte”. Este compañero le cotestó de esta manera: “No, Carlos. No quiero ponerte en un compromiso. La próxima vez te podré aprobar sin problemas”. (El nombre del profesor era real, porque, según nos dijo el compañero, era un homenaje que le hacía).
Viendo y oyendo que el profesor insistía para que entregara el examen, nuestro compañero añadió, pensando que su decisión era de bastante calibre: “Mira. No siempre nos salen las cosas a pedir de boca. Los alumnos oficiales han negociado con vosotros, los profesores, el poner la Dialectología al final de junio, con una semana libre para prepararse. Sin embargo a los alumnos libres nos ha tocado la china y, siendo hoy lunes, el sábado pasado tuvimos el examen de Literatura hispanoamericana”.
Además, podemos pensárnoslas todas y calibrar la situación en toda su complejidad, ya que, si en su caso, el profesor no hubiera tenido más remedio que suspenderlo. Con su actitud este alumno exhumaba para siempre todos los fantasmas, que pudieran salir a la luz, como de una cueva de “Polifemo” y pudieran llenar de “multitud de decires”, a los cuatro vientos, las miserias del amiguismo y no pudieran competir las excelentes convicciones éticas, a las claras, en aras de la amistad, que es más o menos una virtud y no un vicio como pudiera ser el amiguismo.
Hoy día, podemos ver que la excelencia está escorada por el oleaje de los amiguismos y nepotismos. La excelencia se cifra cada día más en las formas que en los fondos, en las apariencias que en las esencias, en los mantras que en las convicciones. Estamos viendo que el ropaje arropa a cualquier cuerpo, aunque este sea de una doctrina vacía, es decir, por la cara.
Ya avisamos (y va para veinte años), cuando criticamos el plan Bolonia. La servidumbre de la Universidad al señorío y feudalismo del capitalismo estaba sentenciada, ya que mataba dos pájaros de un solo tiro: por un lado, era cicatero en el sentido de ofrecer una Universidad de prestigio y de corte social y, por otro, mercantilizaba los estudios que llevaban a la titulitis, mediante la condición de tener dinero y tiempo (es un decir) para colgarse un máster.
La excelencia de la humildad, de la ética, de la amistad, de la transparencia, de la justicia, de la sabiduría... ha ido a parar a las “zahúrdas de Plutón” de las que nos hablaba don Francisco de Quevedo. Un crisol de hipocresía las ha fundido y en sus peanas se nos están montando y mostrando la chulería callejera, la moral hipócrita, el amiguismo invertebrado, el ocultamiento cínico, la injusticia descarada, la erudición vana...
Si la Universidad fue para muchos un dorado y excelente sueño, no puede conformarse con ser una pésima pesadilla, aunque se vista de oropel.
josemª
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