Tu diario. Libertad de expresion

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Antología primaveral del 2019
Jose Maria Barrionuevo Gil. 04.05.19 
“No la toques más que así es la rosa” nos decía, hace bastante tiempo, Juan Ramón Jiménez, sin saber lo que nos podría pasar cualquier día de estos. Porque estamos en primavera, porque ya hasta ha llovido fieramente, porque ya hasta ha salido el Sol sin despeinarse, porque ya todas las flores han tenido que aguantarse las ganas y que pasara a mejor vida este invierno tan loco que hemos tenido: en enero, tan “seco y 'helaero”, como siempre, y en febrero, “buscando la sombra” corriendo, y en marzo, terriblemente “ventoso”, y en abril, febrilmente “lluvioso”, que “hacen mayo florido y hermoso”...
Sin embargo, un amigo nuestro nos ha contado que, en un arriate de su casa, le ha florecido, premonitoriamente, el mismísimo sábado pasado, largo día de reflexión preelectoral, una hermosa rosa roja, que al parecer estaba deseando levantar cabeza.
Ahora, visto lo visto, las demás flores se asoman, modestamente unas e inmodestamente otras, para ver cómo se la maravillan para adornar el campo y arrastrar nuestros ojos y distraer nuestras miradas. Todas las flores, las chicas y las medianas y las grandes, no saben cómo llamarnos la atención. Es verdad que hay flores de todos los colores, aunque no todas con los mismos medios, con el mismo trabajo ni con el mismo esfuerzo ni con el mismo entusiasmo ni con la misma sinceridad. Todas, sin excepción, hacen lo posible por intentar encandilarnos y así arrebatarnos nuestros propios e inquietos ojos y redomar nuestras cansadas y maltratadas conciencias.
El campo político, ahora, una vez más, “se viste de una hermosura no usada” para ver si se nos van, enajenados, “nuestros ausentes ojos”, intentando así que se nos olviden las consabidas cosechas pasadas que tan malos frutos nos concedieron.
Las ofertas y afrentas lucían en los escaparates y mostradores emocionales y ahora ya saben que es tiempo de distraernos otra vez, como si hubiera cambiado el género, y también el número, los tiempos y las personas, y también las voces; igualito, igualito que como se portan los verbos.
Ante las nuevas ofertas habrá que estar nada pasivos y sí muy lúcidos. Cuando activamos o actuamos no podemos dejarnos llevar de una demasiado natural ignorancia democrática.
No queremos decir que estamos “escamaos”, porque las rosas no tienen escamas, pero sabemos ya, desde hace tiempo, que tienen espinas.
Eso sí, estaremos muy atentos para que las flores se conviertan en “fruto cierto”, pero nunca en ciertos frutos democráticos, que sean difíciles de digerir y que nos puedan irritar nuestros estómagos y nuestras entrañas, durante los tiempos futuros, porque de nada nos podrá servir soportar las náuseas.
Europa no ha sido, visto lo visto en los últimos tiempos, buena compañera de viaje en estos años y habrá que remediar de alguna manera los estragos que nos ha obligado a tragar, porque habíamos elegido mal a nuestra embajada tan nacional y muy nacional. ¡Vaya jardín!
Meridianamente y meridionalmente, aunque solo sea con la pequeña Portugal, crecida en estos últimos años, enmendándole la plana a Europa y no siguiendo sus dictatoriales dictados, habrá que fundir y refundir el molde europeo que no nos está dando la talla de europeísmo que tanto nos ha ido pregonando.
Las municipales y las autonómicas no deberán permitir tampoco que sigamos alimentándonos solamente de los fastos y fatuos juegos de artificio y sí alimentar los estómagos del personal que solo puede acercarse a votar, aunque no se le acerquen otros márgenes algo más amplios para poder seguir viviendo con la mínima holgura. Pero parece que al pueblo “ni flores”.
Que no nos hablen de buena gestión, sabiendo que siguen el ocultamiento y los dispendios (v.g. regalando terrenos públicos a universidades privadas, o creando, de sopetón, varias universidades privadas aquellos mismos que decían que en España había demasiadas universidades, o construyendo fantasmáticas ciudades de la Justicia...), porque ya podemos disfrutar de mercadillos medievales, para los que no se necesitan una buena y alta cultura, una esmerada y auténtica educación, una generosa ética comunitaria y, ni siquiera, un moderno y dudoso máster.
josemª
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