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La mar de migrantes
Jose Maria Barrionuevo Gil. 31.08.19 
Ya hace tiempo que hablamos, más o menos, de que, derribado el muro de Berlín, mandado a la chatarrería el telón de acero y disuelto el Pacto de Varsovia, no habíamos conseguido que la pacificación y el entendimiento hubieran sido un poco, un tanto o un mucho contagioso, de tal manera que hubiera debilitado las excusas para mantener igual o más viva, si cabe, la Alianza de la OTAN. Han pasado y siguen pasando los años y henos aquí con que la OTAN está más fuerte que nunca, ya que el gendarme mundial no quiere renunciar a hacer lo que le venga en gana.
La OTAN sigue presente y fortaleciéndose lo más posible, solo que cambiando el mapa y girando las fronteras. Si antes estaba atenta a los demonizados desmanes de los países del Este, ahora se nos ha antojado desatender, en lo posible, los meridianos, para desarrollar “nuestra labor humanitaria de libertad”, siguiendo los paralelos, para que quede claro que los enemigos, ahora, viven en el Sur y vienen del Sur. Sigue siendo la puerta trasera de la ONU, por donde USA tiene sus propias salidas.
Con estos mimbres geográficos, ahora con el paralelo 36, más o menos, como en otros tiempos con el paralelo 38 (Corea), se nos vienen a  remover las neuronas, como si la culpa de todo la tuviera la Geografía y no los autores de la historia de alguna que otra infamia tan conocida como olvidada.
Ahora, que siguen viniendo los migrantes hacia el Norte y que es alarmante el flujo de vidas humanas, saltan las alarmas, sencillamente porque vienen, pero no se dice que es porque huyen de las armas que ni han fabricado ni quieren usar. Vienen porque han sido empobrecidos y ya sabemos que la pobreza con los galones miseria, a la que han sido condenados, no le sienta bien a nadie.
Europa y el Norte se han hecho acreedores de bastantes riquezas, sin ir más lejos, del continente africano, sin que les haya preocupado lo más mínimo el desaguisado que engendra esta relación “comercial” cuyos desequilibrios no queremos que nos afecten lo más mínimo. Y si fuera solo la asimetría política y comercial que padecen, no habría tanta desesperación que lanza a estos seres humanos, solo que empobrecidos, a buscar nuevos horizontes que los saquen de su postración. Como vemos, se añade la desesperación de salir no solo de la pobreza, sino también de las guerras.
Hablando de guerras y solamente con esta pequeña muestra de años, que “gozamos” del siglo XXI, ya se nos oculta o escamotea la ilegal guerra de Irak y otras que todavía están en curso (como Siria, Libia) y que tampoco salen a la luz de los medios, y especialmente, porque no se puede decir que el Tío Sam está detrás de ellas de alguna manera. La OTAN nos puso a España en el disparadero de “regalos bélicos”, bombardeos desde el mar Mediterráneo, dirigidos a Libia. Cuando el objetivo de liquidar a Gadafi se cumplió, bajo el mandato del Nobel de la “PrePaz”, Barak Obama,  Hilaria de Clinton explotó con  una tan inmejorable como indecente hilaridad, cifrada en aquel “Vine, vi y murió”. Se destrozó un país  que, además, acogía migrantes y les daba trabajo. Un país que había salido de la postración y el servilismo y se había constituido en modelo de modernidad para otros países africanos. Un país que apoyó y agasajó, personalmente, a quienes después fueron sus declarados enemigos en Europa.
Ahora, todos los países de la bélica Alianza Atlántica han estado escurriendo el bulto, sin querer hacerse cargo de los migrantes, como si no fuera con ellos ninguna cuota de responsabilidad. En las últimas fechas solamente Francia, Alemania, Rumanía, Portugal, España y Luxemburgo se han ofrecido a acoger migrantes. ¿Qué pensamos que hagan estas personas a las que se les ha desposeído “comercialmente” de sus riquezas, sino que sigan la ruta que ya le hemos abierto nosotros para traernos lo que era suyo? El exilio no es un plato de buen gusto.
Por otro lado al Tío Sam, en su afán “humanitario y pacificador”  le gustan los conflictos lejos  de sus fronteras y solo condena las políticas que no le son amigas, aunque estén trabajando por el progreso y el bien de sus pueblos. Además, la OTAN va a tener que cambiar de siglas si entran Australia y Brasil. La militarización, el capitalismo y los muros, aunque sean líquidos como el Mediterráneo, y no el humanismo, es lo que están dispuestas las potencias a desarrollar con la pretensión de salvarnos de esta pesadilla, que no solo puede ahogar los sueños de los migrantes, sino que  también nos puede enroscar demasiado pronto en nuestra propia insensibilidad.
josemª  
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