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Es que ya no cabemos
Eduardo Saez Maldonado. 05.09.19 
El otro día vi en internet (dónde, si no) un interesantísimo vídeo sobre la deforestación de la Amazonía en el que se comentaban con gráficas imágenes de satélite y en 6 intensos minutos  las causas de la misma (1).  La ocupación del territorio para habilitar zonas de cultivo y mineras no es exclusiva de la Amazonía, claro. Si alguien hace algún vuelo por Europa y se toma la molestia de mirar por la ventanilla del avión, podrá observar que las tierras cultivadas ocupan cada vez más territorio. Las zonas montañosas y las selvas tropicales son los últimos reductos aunque estas últimas están en clara recesión. Las multinacionales sin escrúpulos son las responsables directas y, por tanto, las dianas de nuestras críticas; pero, así como en el problema de la inmigración no basta con salvar náufragos, sino que convendría ahondar en las causas del éxodo para tomar medidas efectivas, en el problema de la deforestación convendría también hacer un análisis un poco más detenido. Veamos.

Para empezar, no hace falta que nos vayamos muy lejos: España es uno de los principales importadores de soja del Brasil (2). Soja transgénica que en Europa no se puede cultivar, por cierto. El sistema capitalista funciona con una sola regla básica: si alguien quiere comprar algo y yo se lo puedo vender obteniendo un beneficio razonable, lo hago. Aspectos colaterales como contaminación, deforestación, cambio climático, perjuicio de terceros etc no importan en absoluto. Si en vez de obtener un beneficio de 10, lo puedo obtener de 100, lo hago; aunque esto suponga aplastar a los demás, aunque esto suponga entrar en una dinámica suicida. Da igual. Las reglas del juego capitalista no entienden de sentimientos ni de solidaridad, sólo contemplan el beneficio económico y el “sálvese quien pueda”. Hace poco decía Christian Felber (autor de la interesante propuesta de la “Economía del bien común”) en una entrevista que le hacía Iñaki Gabilondo que “…la empresa honesta tiene una desventaja competitiva…” (3). Si, además, el pueblo (soberano) otorga el poder a ultras extremistas sin miramientos (como en el Brasil) nos podemos ir olvidando de las reglas que, tímidamente, algunos países con cierta tendencia algo más socialdemócrata suelen tomar de vez en cuando para disimular (porque no olvidemos que, aunque el socialismo nació marxista, devino con el tiempo en socialdemocracia liberal y capitalista (4)   ).
Pero este sistema se ha mostrado exitoso a lo largo de décadas por un solo motivo. Había margen para cumplir el segundo axioma del capitalismo: el crecimiento debe ser perpetuo, infinito y darse a todos los niveles. Pero resulta que ya somos cerca de 8.000 millones de personas en el mundo (5), y seguimos creciendo, y  todos queremos tener coche, comer hamburguesas e irnos de vacaciones al Caribe con nuestro “aifon”. Y esto es, físicamente, insostenible.
Y si, como parece, queremos mantener el sistema imperante a toda costa a pesar de los inquietantes indicios (cambio climático, agotamiento de los recursos -incluyendo el suelo-, destrucción de la biodiversidad, etcétera) deberemos encontrar en los próximos lustros (además de fuentes de energía casi mágicas: esto ya otro día, si eso) formas de cultivar la tierra milagrosas para producir todo el alimento que, cada vez en mayor cantidad, vamos a necesitar.
Leemos estos días que debemos modificar nuestros hábitos alimenticios y comer menos carne, debemos viajar menos en avión, que es muy contaminante, debemos reciclar todos nuestros desechos para evitar el desastre de la acumulación de plásticos (entre otras muchas cosas) en nuestros mares. Todo esto está muy bien y es muy deseable, pero no evitará que el crecimiento desbocado de la población, de la economía, del consumo mundial siga demendando (justificando) la deforestación del Amazonas y la ocupación de todo el suelo disponible. Porque esto no se arregla cerrando el grifo mientras nos cepillamos los dientes. La solución es muy compleja y está en la esencia de nuestro sistema social y económico que no estamos dispuestos a cambiar, pues sería una auténtica revolución… a no ser que el colapso civilizatorio se muestre ya obvio e imparable, o que la avalancha de inmigrantes que vienen reclamando su “aifon” y su hamburguesa también lo sea. O las dos cosas a la vez.
 
Eduardo Sáez Maldonado
(1)    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=2096627517110287&id=116849255088133
(2)    https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2019-08-31/amazonas-incendio-brasil-soja_2201875/?fbclid=IwAR0lCgk8n6Bs6AnC4oNDICeyOZ4uMx8HTB-arOV23vkfUAulaklvDGzXlQs
(3)    https://youtu.be/TSInPtbZhKY
(4)    https://es.wikipedia.org/wiki/Congreso_Extraordinario_del_PSOE_(1979)
(5)    https://s.libertaddigital.com/2019/06/26/pobhi1.jpg 
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