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Crónicas del otro Macondo -Historias  para  ganarle  al  olvido-
El mono de Hilda y el cuarto de la tarde

Cuentos y relatos globales. 29.09.19 
*Antes de torear, por  las  dudas  reza…
Escribe; Walter  E. Pimienta Jiménez.  “El Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda,  no se  ha  despedido  todavía del  toreo, del toreo de corraleja, aclaro; porque al de plaza monumental,  vestido de  luces, no  llegó. Tanto  así  que en la  reciente feria de la  Virgen  del  Carmen llevada a cabo  en el  pueblo, intentó  volver por  sus  fueros y  su  ley no  obstante aquellas  dos últimas recordadas cornadas casi  mortales y desastrosas que, en sendas  ferias  de la Inmaculada  Concepción, tiempo atrás,   sufriera.
Al parecer, “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, no resiste la tentación ni  la piquiña ni el  prurito  y  el  hormigueo que  le  dan los toros en corraleja… La verdad, yo  pensé que  ya él se había  olvidado de esto y  si  esa vez,  según me cuentan,  no  manteó y no hizo  parte del cartel, fue porque las autoridades no aprobaron “las corridas”. Se  creía que lo haría, la gente habla de ello en las esquinas; pero no, no  hubo  toros y “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, se quedó  listo…sin saberse nunca o  por  el  momento,  si  para  el  triunfo o  para  morir en esto…Ojalá  sea  para  lo  primero y  para  el  gozo y  crecimiento de su  fama y en otra será…A lo mejor, “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, si insiste en regresar al  ruedo, es porque se siente fuerte, enérgico,  valiente y ágil… Considero.
Aunque no sé si “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta,  dos monos distinto y un solo mono verdadero; es decir, el mismo, el de Hilda, está en sus  facultades para esto del  toreo, el  impulso o  tentación, a veces, no es suficiente; pero  a pesar  de ello, por  algo persevera  con obstinación aunque uno  lo  ve y no  puede menos que evocar “sus hazañas” poco afortunadas…
Como aquella vez…aquella primera vez…La corraleja atiborrada, la  banda tocando el porro “el Arrancateta”, la quemante ley del  sol de las tres de  la tarde y  el  día  siguiente el periódico  La Libertad hablando de la larga  y  profunda cornada que por  poco deja  sin garganta y  sin   vida a “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda.
En  su  familia, luego de este  percance,  todos esperaban que “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, no se arrimara  nunca  más a un toro. Se esperaba,  dije  bien, pero él, él sin cejar en la tentativa de ser  torero,  continuó en el muria doloroso de una segunda alternativa y con un radical y drástico:
-Me  meto porque  me meto- se metió.
Saltó  de alegría y se metió un trago de “Cococho”  de  cuatro dedos de tacón que le  llegó  a los tuétanos  de los huesos del alma…
-Está enganchao es ya- dijo  alguien. El  escuchó y respondió:
-Qué, naita  pasa.
No  hubo amigos ni conocidos que le detuvieran. No escuchó consejos…
..Y  esa  tarde, por  segunda ocasión, la  garganta de “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda,  y  el  diario La  Libertad diciendo  al  día  siguiente lo  mismo…Fue  el  cuarto  de  la  tarde, un noble de media  casta,  claro  y  poderoso, de  cachos como espadas el  que  diciéndole con  voz de toro  bravo: “Mono, no  respondo”, mientras  la misma  banda  tocaba  el  porro   “el  Arrancateta”, hizo que los asistentes a  la corraleja lo  vieron empitonado como  si  él  se estuviera  riendo…
¿Riendo? Cua –decía mi  abuelo- Estaba era cogio. El  pueblo quedó  absorto.
Reinó  un silencio  profundo de muerte y otro alguien, con esto,  rompió  ese silencio:
-Ahora  sí  se  jodió.
La  sangre bañó  la  arena. El  cuerno izquierdo  entró por  la  garganta, tocó las cuerdas vocales,  y  él,  mortalmente  bien herido (no  malherido),  no podía  hablar.  Solo  hacía  gestos. Una sombra fúnebre le  cubría. La  sangre, no  paraba. Noventa y  cinco días duró su  recuperación y  con ella el  milagro de que la  voz le  volviera. Fue  el  cuarto  de  la  tarde, un noble de media  casta,  claro  y  poderoso, de  cachos como espadas el  que  diciéndole con  voz de toro  bravo: “Mono, no  respondo”, lo jodió…
El  tiempo  pasa. Yo  creía que “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, de toros, ya  no  más…pero llegaba la feria de la  Virgen del  Carmen y  la expectativa era esa: que “el  Mono” volvía. Nadie lo  secundaba. Faltaban solo  días para  el  inicio  de  las  corralejas y todos  creíamos que  él, por  fin, había  abandonado el  toreo…
Todos se acordaban de su  primera y de su segunda  vez,  y  sin decirlo, se  esperaba lo  peor.
-Estoy  dispuesto- dijo a quien quiso persuadirlo.
-Qué,  naita pasa- contestó.
Con su anuncio, la  gente se estremeció profundamente…Y se  acordaban del cuarto  de la tarde…de aquel  que saliendo a toda  carrera de su  encierro, se paró en mitad de la plaza con  la cabeza altiva en actitud  soberbia y  resoplando…Era  magnífico. Los  tendidos  vibraban…y  allí, allí, aquella tarde estaba “el Mono de Hilda”, o Teodosio Arteta, dos monos  distintos y un solo  mono  verdadero; es decir, el  mismo, el de  Hilda, estoico y  supremo. El toro,  hago  memoria, se arrancó y…le dejó  media  vida de sobreviviente. La  manta  roja voló por  los aires…Así  fue la  primera  y  la segunda vez. En ambas, hubo confusión. Lo llevaron en hombros al hospital.
-Va muectecito- dijo el  de siempre.
“El Mono” estaba intensamente pálido, como  una rueda  de  bollo de  mazorca. Desde entonces no  ha  vuelto a su  color; menos  mal que esta  vez no  hubo  corraleja, decía la  gente, y  él, él  que escuchó  esto, hace a todos un guiño de ojos…. Fue  el  cuarto  de  la  tarde, un noble de media  casta,  claro  y  poderoso, de  cachos como espadas el  que  diciéndole con  voz de toro  bravo: “Mono, no  respondo”, lo jodió…menos  mal que esta vez no  hubo corraleja, decía la  gente…
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