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El Mundo está en sus manos
Natividad Castejon Valero. 22.11.19 
Hoy voy a empezar relatando una historia, que posiblemente más de uno desconozca.
 En los años 60 nacieron en este planeta una buena hornada de individuos especialmente capacitados para conectar con lo que nosotros llamamos "el más allá". Personas con una sensibilidad extrema capaces de canalizar mensajes de un mundo a otro, con una intuición muy desarrollada para descifrar lo que es correcto y lo que no, y con la misión de ir preparando el terreno para los siguientes que llegarían.
 Todos conocemos a alguien así, de entre 50-60 años, ¿verdad?
 En los años 80 empezaron a llegar al planeta los primeros "niños índigo". Para los que no lo sepan, el índigo es un tono concreto del azul, y es el color que se le atribuye al Alma.
 Estos niños eran muy especiales, con mucha sensibilidad, y con un don especial para la educación o la sanación. Eran niños capaces de asistir con sus padres a una charla para adultos de 2 horas (o más) y hacer luego un resúmen de lo que se había explicado, con una capacidad comprensora que escapaba de lo habitual. 
Eran niños que no soportaban los malos modos, las órdenes o los gritos. Y eran niños que venían con la misión de abrir y preparar el camino también para los que llegarían después, ocupando puestos principalmente en educación y sanidad (trabajos para los que estaban expresamente cualificados).

 Nos suenan a todos, ¿no?
 Enfermer@s, médicos, profesores de entre 30 y 45 años con unas altas capacidades docentes y profesionales.

 A partir del año 2000, el 85% de los niños y niñas que nacen alrededor del mundo son índigo, y aunque no nos lo creamos, tienen la misión de ayudarnos a cuidar del planeta y de nosotros mismos. Porque está claro que si de nosotros depende, nos cargaremos nuestro hábitat en 10 años.

 Evidentemente, estos niños índigo de los años 80, que hoy tienen unos 40 años, son los maestros de los de 15. Y tienen en mente un sistema de educación totalmente revolucionario, que es el que los de 15 necesitan para aprender de otro modo...

 Y aquí llega la madre del cordero: estos maestros se topan de bruces con un sistema educativo que tiene más de 150 años de antigüedad, y que parece que nos han grabado a fuego en las entrañas, porque nos negamos a soltarnos de él como si no pudiera existir otro mecanismo para educar.

 Nuestros niños ya no necesitan aprenderse de memoria la lista de los Reyes Godos, ni estudiar latín y griego. Eso lo aprenderán si decíden estudiar ciencias o historia.

 Porque nuestros niños vienen con la misión de reestructurar todo nuestro sistema. No de remendar armazones, sino de construir estructuras nuevas.

 En economía, en sanidad, en educación, en defensa, en justicia, en medio ambiente... en absolutamente todos los terrenos de la vida.

 Pero se dan de frente con nuestros rancios sistemas.

 Para ellos ya no es importante aprobar exámenes, ¿no lo habéis notado? Yo no he conseguido hacerles entender a mis hijas que ese era el único camino para tener el día de mañana un futuro próspero. Pues para ellas hay cosas mucho más importantes, como estar al lado de una amiga cuando ésta lo pasa mal, o disfrutar de una tarde en el paseo marítimo con los patines o el long.

 Para ellas la época escolar era como unas vacaciones prolongadas, donde había que dedicar unas cuantas horas a estar en clase y hacer deberes... pero nada importante. Y luego, a disfrutar de la vida.

 Precisamente disfrutar de la vida se convierte en lo más importante. Y yo pienso: "¿Tendrán razón? ¿Será verdad que lo único realmente fundamental es disfrutar de la vida?".

 Para ellos ya no es importante la historia, porque vienen mirando al futuro. No es importante lo que ya ocurrió, sino lo que va a ocurrir.

 Yo siempre he dicho que si no sabemos de dónde venimos, difícilmente sabremos a dónde vamos... pero eso ya no importa. Tenemos niños capaces de observar un problema mundial, y decir "¡esta es la solución!", y dar en el blanco.

 Viven a medio camino entre las tecnologías y el amor por la naturaleza, y si de algo entienden, es de disfrutar. Pero sus capacidades de observación, asimilación de datos, y deducción lógica rayan la inteligencia einsteniana.

 Así que las preguntas son: ¿Sabremos nosotros ofrecerles las oportunidades que necesitan? ¿Seremos capaces de liberarlos de los "corsés" heredados? ¿Seremos capaces de dejar el mundo en sus manos? ¿Habrá mundo para cuando ellos estén en su plenitud, o nos lo habremos cargado antes?

 Difícil saberlo...

 Gracias y saludos,
 Natividad Castejón

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