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Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca14 usuarios en línea • Viernes 14 de Agosto de 2020
Relatos del  “Mono de Átala”
-Porque me  gusta  escribir  lo  que he  ha  vivido-
LA BICICLETA AZUL
Cuentos y relatos globales. 26.07.20 
*De pelado, y enamorado, mi bicicleta alquilada tenía los  pedales en mi corazón
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Sólo yo entendía el imbécil hecho de pasar 20 veces repetidas por el frente de su casa en bicicleta para que me viera. Me veía todo el pueblo, menos ella…Eso lo hacía los domingos en la mañana, después de la misa. Alquilaba por media hora siempre la misma: la azul.
El pueblo tenía en ese tiempo, conmigo, 296 muchachos que promediábamos en la misma edad y ella miraba a 295, menos a mí que era el 296.
Yo vivía a una calle de la suya y de las calles más lejanas venían otros chicos que sí la miraban asomándoseles a las cuatro abiertas ventanas de su casa.
Jesús Mercado, algo mayor que yo, me alquilaba la bicicleta azul por $ 3.50 los treinta minutos. Él era el encargado de administrarle, desde un local contigua a la casa cural, el negocio al padre Alzate.

Me ponía la mejor y más bonita camisa que tenía y ya llevaba la vuelta número 12 y fue su madre quien se asomó a la ventana viéndome pasar y no ella. Me quedan sólo 12… Me paraba airoso en los pedales, le daba y le daba. El corazón me bombeaba duro. Medía y frenaba esquivando las piedras y los animales callejeros…
Yo era un constante cuadro dominical enmarcado en paisaje de su calle pasando y pasando de 9 a 9: 30 de la mañana en la invariable bicicleta “Monark” azul…

Mis amigos no entendían por qué siempre daba mis 20 vueltas en bicicleta por la misma cuadra ni yo se los iba a decir…Nadie tenía tanto derecho a saberlo y a darse cuenta de ellos como ella…pero no ocurría, nunca ocurría…

A cualquier muchacho es fácil imaginarlo verlo pasar por el frente de una casa en bicicleta porque los muchachos hacen siempre esto; pero ese no era mi caso…Yo lo hacía para que me viera algún día sometido a mi inquietud de seguir pedaleando y volteando mi mirada a riesgo de perder el equilibrio y de caerme como acontece a quien maneja una bicicleta por estar enamorado y nadie, al verlo en el suelo sale a levantarle sino que le sale con estas dos absurdas pregunta: ¿Te caíste? ¿Y no te duele?...Y, entonces, uno que con rabia le responde: “No, no me duele…no ves que le estoy escribiendo versos de amor a mi novia”…

Mi verdadera preocupación cada ocho días por la mañana, luego de la misa, era que ella me viera pasar en la bicicleta azul, pero me dolía la muerte de la media hora del alquiler sin más recursos en la contradicción de que en ninguna de las 20 vueltas, se asomaba y siquiera advirtiera también que llevaba puesta mi mejor camisa dominguera y el mechón de pelo liso al viento sobre mi frente…

Todo lo que planeaba con la bicicleta azul me salía al revés. Una vez cambié el sentido de mi paso. La vi a lo lejos en la terraza de su casa pero se entró sin verme pasar por lo menos. Ni por enterada se dio de que, afuera yo apenas era un visaje en rueda montado en un aparato de color azul…Y ante el fracaso, pedaleé con fuerza, con todas las piernas, con todos los pies, con todos los brazos… mi bicicleta alquilada tenía los pedales en mi corazón…Era un completo inadvertido en dos ruedas que pasó 20 veces por la misma cuadra como un pendejo y nadie le filmó la película. Y obstinado, el otro domingo en las mismas…Yo haciendo parte de las dimensiones de un cronometrado mundo de o 20 vueltas donde jamás estaba para ella…

El pueblo era un paraíso, siempre lo había sido, sólo que ahora había bicicletas por todas partes con las 50 que el padre Alzate alquilaba…lo que lo hacía otra especie de paraíso con neumáticos turbándonos un poco la típica costumbre de montar en burros…En todo caso, aún aquel pueblo, mi pueblo, conservaba su habitual calma dominical y el prestigio de que en él nunca pasaba nada, excepto que yo creyese que ella sabía de mis 20 vueltas dadas por su cuadra en media hora pagando por ello $ 3.50 con tal de que de alguna manera lo notara y se perturbara y fueran nuestras sonrisas las que, furtivas, se encontraran, y en tal caso, entre los dos, se iniciara todo y así también empezaran las cosas que, en realidad, nunca, empezaron pese a que repitiera y repitiera una y otro el mismo retorno en la cicla azul doblando presuroso por su esquina…

…Pero pasó esto. Aquel domingo de mayo, me levanté más temprano que de costumbre. Me bañé, me vestí, me calcé, me peiné y dándome un tiempo prudente, después del desayuno y del tercer repique de campanas en la iglesia, pudientemente, con mis infaltables $ 3.50 en el bolsillo, luego del acto religioso, salí a alquilar la bicicleta.

Llegué al depósito de estas y vi algo desacostumbrado. La bicicleta azul, mí preferida, no estaba y pregunté por ella.

-No podrás usarla hoy. Se la llevaron para Barranquilla a arreglarla. Se pinchó y alguien, con un golpe, le dobló el ring delantero- me dijo Jesús Mercado- y agregó- hay otras.

-No, no me gustan- respondí y me dije: si alguna vez me mira que sea en la bicicleta azul, no en otra.

-Volveré- terminé diciendo. Pero de ahí a imaginar lo que iba a pasar, nunca me lo creí.

Ocurría que para regresar a mi vivienda tenía tres opcionales callejones incluyendo en el mi recorrido el que pasaba por su casa y consideré: No joda, por ahí mismo me voy…si nunca me ha visto pasar en la bicicleta azul dando con esta 20 vueltas por su frente durante media hora y pagando por ello $3.50, menos me verá ahora que voy a pie.

…Y este episodio escrupulosamente cierto que a continuación escribo y leerán, dejaría corta la historia si lo paso por alto: Pasaba cabeza gacha precisamente por un costado del aposento de ella domado por la decepción, sintiéndome ausente de todo y robándole palabras mentales a mi desengaño, aplicándome incluso la eutanasia sentimental de olvidarla, y creyéndome fuera del alcance de su mirada, sintiéndome despreciado hasta en los tuétanos de los huesos del alma, escuché que, asomada por alguna parte, la que me era mi obsesión de domingos, me decía:

-¡Pis! ¡Pis!... ¿Y la bicicleta?

Anímese la lectura pulsando este enlace https://youtu.be/1VPb3cMf7FU
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