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Conchi Basilio
Artículos publicados en andalucia.press ¿A qué estamos esperando? | | Conchi Basilio. 18.09.26 | Ampliar |  Hay preguntas que dejan de ser retóricas cuando la realidad comienza a responderlas con vidas humanas. ¿A qué estamos esperando? ¿Cuántas señales más necesitamos para comprender que el cambio climático no es una amenaza lejana, ni una disputa entre partidos políticos? Es una realidad científica que ya está transformando nuestro planeta y, con él, nuestras vidas. La evidencia es contundente. El calentamiento actual está causado inequívocamente por la actividad humana, fundamentalmente por la emisión de gases de efecto invernadero procedentes de los combustibles fósiles y de otros cambios provocados por nuestra forma de producir y consumir. Así lo viene advirtiendo desde hace décadas la comunidad internacional. |
| El futuro también se oxida | | Conchi Basilio. 15.09.26 | Ampliar |  Estamos fascinados por lo nuevo, hablamos de inteligencia artificial, ciudades inteligentes, vehículos eléctricos, grandes proyectos tecnológicos y edificios que parecen pertenecer al futuro. Inauguramos, presentamos, anunciamos y celebramos. Pero existe una parte del progreso mucho menos visible y bastante menos atractiva, mantener en condiciones aquello que ya tenemos. Porque mientras imaginamos cómo será el mundo dentro de veinte años, hay puentes que envejecen, carreteras que se deterioran, tuberías que pierden agua, redes eléctricas que necesitan renovación, edificios públicos que acumulan años y sistemas de saneamiento que trabajan silenciosamente bajo nuestros pies. No suelen ocupar titulares, no hay cintas que cortar ni fotografías de inauguración. Pero de su buen estado depende buena parte de nuestra vida cotidiana. Quizá hemos cometido el error de confundir progreso con construcción permanente. Parece que lo nuevo siempre tiene más valor que lo que ya existe. Una obra nueva se ve, se anuncia y se puede convertir en símbolo de modernidad. El mantenimiento, en cambio, permanece oculto. Nadie aplaude una tubería que no se rompe, un puente que continúa siendo seguro o una red eléctrica que funciona correctamente durante décadas. Sin embargo, conservar también es construir futuro. |
| Europa mira; España resiste | | Conchi Basilio. 11.09.26 | Ampliar |  El 12 de junio de 2026 entró en aplicación el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo. No es una reforma menor: nueve reglamentos y una directiva pretenden cambiar de arriba abajo la manera en que Europa controla sus fronteras, tramita el asilo, acoge a quienes llegan y devuelve a quienes no tienen derecho a permanecer. Y apenas unas semanas después, la frontera española con Marruecos volvió a colocarnos delante de una realidad que ninguna ley puede ignorar. El 30 de julio, Ceuta sufrió una entrada masiva de personas procedentes de Marruecos, de una magnitud extraordinaria. Miles de personas llegaron a territorio español y la ciudad quedó sometida a una presión humanitaria y administrativa excepcional. Días después Marruecos reforzó sus efectivos para impedir nuevos intentos de entrada, mientras España hacía lo propio en la frontera. |
| Él se jubila, ella no | | Conchi Basilio. 09.09.26 | Ampliar | Hay una imagen que todavía forma parte de demasiadas familias y que resulta difícil de comprender en pleno siglo XXI, el hombre se jubila y siente que, por fin, ha llegado el momento de disfrutar de la vida, la mujer se jubila y descubre que, para ella, la vida sigue prácticamente igual. Él piensa en viajar, salir, hacer deporte, reunirse con amigos, recuperar aficiones o simplemente descansar. Ella mira alrededor y ve una casa que sigue necesitando atención, una comida que preparar, una lavadora que poner, unas compras que hacer y una familia que continúa dependiendo, en demasiadas ocasiones, de ella. Entonces hay que hacerse una pregunta muy sencilla, ¿qué ha cambiado realmente en su vida? Después de décadas trabajando, cotizando y cumpliendo con sus obligaciones laborales, ¿por qué su jubilación no representa también el comienzo de una etapa de libertad? Porque existe una desigualdad que no aparece siempre en las estadísticas y que, sin embargo, pesa muchísimo sobre la vida cotidiana, la desigual distribución del tiempo. El tiempo del hombre jubilado parece pertenecerle, el de la mujer jubilada continúa perteneciendo a los demás. Y no hablamos solamente de las tareas domésticas. Hay mujeres que, después de jubilarse, siguen cuidando de sus hijos, de sus nietos o de familiares mayores que necesitan atención. Especialmente dolorosa es la situación de quienes tienen a su cargo personas dependientes. Allí donde debería existir una responsabilidad compartida, todavía demasiadas veces aparece una mujer que se hace cargo de todo. |
| La dependencia que nadie quiere ver | | Conchi Basilio. 04.09.26 | Ampliar |  Tenemos una sociedad que habla mucho de solidaridad, de igualdad, de inclusión y de derechos, pero que, demasiadas veces, se queda en las palabras. Porque cuando se trata de atender a quienes realmente necesitan ayuda, aparecen las listas de espera, los trámites interminables, los formularios, las valoraciones y una burocracia que parece olvidar que detrás de cada expediente hay una persona, una familia y una vida que no puede esperar. Cuando hablamos de dependencia, tendemos a pensar inmediatamente en las personas mayores que ya no pueden valerse por sí mismas. Y, por supuesto, ellas necesitan toda nuestra atención. Pero la dependencia es mucho más amplia. También están las personas con discapacidad, por alguna enfermedad, quienes han sufrido un accidente, quienes padecen limitaciones que les impiden llevar una vida autónoma o quienes necesitan ayuda para realizar algo tan sencillo como desplazarse, asearse, vestirse o simplemente salir de casa. Para quien nunca ha convivido con una persona dependiente, todo esto puede parecer lejano. Es una realidad que se contempla desde fuera, como si perteneciera a otro mundo. Pero basta con que la discapacidad entre en una familia para que todo cambie. Entonces se descubre que las dificultades no aparecen una vez al día, sino muchas veces a lo largo de una misma jornada. Están presentes cada mañana, cada desplazamiento, cada trámite y cada necesidad cotidiana. |
| Cuando la medicina desaparece | | Conchi Basilio. 04.09.26 | Ampliar |  Hay cosas que damos por seguras hasta que un día dejan de estarlo. Abrimos el grifo y esperamos encontrar agua, encendemos la luz y esperamos que funcione, entramos en una farmacia y damos por hecho que el medicamento que necesitamos estará disponible. Pero ¿qué sucede cuando llegamos al mostrador y escuchamos unas palabras capaces de provocar preocupación, incertidumbre e incluso miedo, “no lo tenemos”? Los problemas de suministro de medicamentos no son un fenómeno sencillo ni tienen una única causa. En España continúan produciéndose incidencias, aunque los datos más recientes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios muestran una evolución favorable. Durante el segundo semestre de 2025 se registraron 1.151 presentaciones con problemas de suministro, y las incidencias de mayor impacto para los pacientes disminuyeron un 17,4% respecto al año anterior. Aún así, siguen existiendo situaciones en las que conseguir un tratamiento puede convertirse en un problema. |
| Cuando la medicina desaparece | | Conchi Basilio. 03.09.26 | Ampliar |  Hay cosas que damos por seguras hasta que un día dejan de estarlo. Abrimos el grifo y esperamos encontrar agua, encendemos la luz y esperamos que funcione, entramos en una farmacia y damos por hecho que el medicamento que necesitamos estará disponible. Pero ¿qué sucede cuando llegamos al mostrador y escuchamos unas palabras capaces de provocar preocupación, incertidumbre e incluso miedo, “no lo tenemos”? Los problemas de suministro de medicamentos no son un fenómeno sencillo ni tienen una única causa. En España continúan produciéndose incidencias, aunque los datos más recientes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios muestran una evolución favorable. Durante el segundo semestre de 2025 se registraron 1.151 presentaciones con problemas de suministro, y las incidencias de mayor impacto para los pacientes disminuyeron un 17,4% respecto al año anterior. Aún así, siguen existiendo situaciones en las que conseguir un tratamiento puede convertirse en un problema. |
| Cuando el teléfono se convierte en acoso | | Conchi Basilio. 28.08.26 | Ampliar |  Hay algo profundamente contradictorio en nuestra sociedad, tenemos leyes destinadas a proteger nuestra intimidad, nuestros datos personales y nuestro derecho a no ser molestados, pero basta con tener un teléfono para descubrir que, en demasiadas ocasiones, esos derechos parecen quedarse en el papel. Las llamadas comerciales no solicitadas se han convertido en una forma de intromisión cotidiana. Durante un tiempo fueron los números móviles los protagonistas, cuando llegaron las restricciones, aparecieron otras fórmulas, números fijos, prefijos provinciales y diferentes líneas desde las que una misma campaña puede llamar insistentemente a miles de ciudadanos. El teléfono cambia, la molestia permanece. Y conviene aclararlo, no toda llamada comercial es legal. Desde junio de 2023, la Ley General de Telecomunicaciones reconoce el derecho de los usuarios a no recibir llamadas comerciales no solicitadas, salvo que exista consentimiento previo o una base jurídica válida, como determinados supuestos de interés legítimo. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha establecido, además, que estas excepciones deben interpretarse de manera restrictiva. |
| ¿Viviendas de lujo o precios de lujo? | | Conchi Basilio. 25.08.26 | Ampliar |  Comprar una vivienda no es comprar un vestido, ni un electrodoméstico, ni cualquier otro objeto que pueda sustituirse cuando deja de gustarnos. Para la inmensa mayoría de las personas, adquirir una casa supone comprometer buena parte de sus ahorros, asumir durante años una hipoteca y depositar en esas cuatro paredes una parte esencial de su proyecto de vida. Precisamente por eso resulta legítimo preguntarse si, detrás de los precios cada vez más elevados, existe realmente una calidad acorde con lo que se está pagando. En los últimos años se ha extendido en el mercado inmobiliario un lenguaje que parece convertir cualquier promoción en un producto exclusivo, lujo, premium, alta gama, calidades excepcionales. Pero las palabras, por sí solas, no construyen una vivienda mejor. Lo hacen los materiales, la ejecución, las instalaciones, el aislamiento, la durabilidad y, sobre todo, la calidad con la que todo ello ha sido realizado. Y aquí aparece una contradicción difícil de ignorar, ¿estamos pagando viviendas de lujo o simplemente precios de lujo? |
| ¿Quién mueve los hilos? | | Conchi Basilio. 22.08.26 | Ampliar |  Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que demasiadas cosas están ocurriendo simultáneamente como para limitarse a mirar hacia otro lado. Guerras, fronteras, petróleo, gas, minerales estratégicos, rutas marítimas, migraciones masivas y disputas territoriales. Piezas aparentemente separadas que, cuando se colocan sobre el mismo tablero, obligan a hacerse una pregunta incómoda, ¿quién mueve realmente las fichas y quién termina pagando la partida? El estrecho de Ormuz es probablemente el ejemplo más evidente. Por él circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una cantidad decisiva de gas natural licuado. No es una carretera privada ni existe un peaje internacional por atravesarlo, es una de las grandes arterias marítimas del planeta. Sin embargo, cuando una guerra convierte ese paso estratégico en una zona de peligro, el problema deja de ser exclusivamente militar. Se convierte en inflación. |
| Pagamos más, recibimos menos | | Conchi Basilio. 21.08.26 | Ampliar |  Hubo un tiempo en que encender el televisor significaba sentarse ante una ventana abierta al mundo. Había programas que informaban, otros que entretenían y series que contaban una historia con principio y final. Hoy, paradójicamente, tenemos más canales, más plataformas, más contenidos y más posibilidades que nunca, pero cada vez resulta más difícil encontrar algo que verdaderamente merezca la pena. La televisión parece haber entrado en una especie de bucle interminable. Las películas antiguas pasan de un canal a otro como si fueran patrimonio exclusivo de la programación. Las vemos una y otra vez, con independencia de que tengan diez, veinte o cincuenta años. Cambiamos de cadena buscando algo diferente y nos encontramos con la misma película que acabamos de abandonar. Y cuando finalmente recurrimos a una plataforma de pago para escapar de las repeticiones, descubrimos que tampoco hemos encontrado necesariamente el paraíso prometido. |
| Cuando el negocio vence al deporte | | Conchi Basilio. 14.08.26 | Ampliar |  El fútbol nunca ha sido únicamente un juego. Ha sido una pasión compartida por millones de personas, un lenguaje universal capaz de unir culturas, generaciones y continentes. En un estadio durante noventa minutos desaparecen las diferencias sociales y económicas. Solo importa el balón, el esfuerzo, el talento y la emoción. Precisamente por eso resulta preocupante que cada vez más aficionados tangan la sensación de que el deporte está dejando de ocupar el lugar principal para convertirse, ante todo, en un gran negocio. La FIFA administra el deporte más seguido del planeta, su responsabilidad no consiste únicamente en organizar competiciones, sino también en proteger la esencia del fútbol. Sin embargo, muchas de las decisiones adoptadas en los últimos años han abierto un debate legítimo, ¿se está gobernando el fútbol pensando primero en el deporte o en la expansión económica de la propia organización? |
| La Frontera del abandono | | Conchi Basilio. 13.08.26 | Ampliar |  Ceuta, la frontera de Europa no puede convertirse en la frontera de la indiferencia. Hay momentos en los que la política debería guardar silencio para dejar paso a la humanidad. Ceuta vive uno de ellos. Mientras los titulares suceden y los partidos cruzan reproches, miles de personas, entre ellas un elevado número de menores, permanecen atrapados en una situación de incertidumbre que constituye uno de los mayores dramas humanitarios que ha conocido España en los últimos años. Detrás de cada cifra hay un niño, una madre, un padre o un joven que un día tomó la decisión más difícil de su vida, abandonar su hogar porque quedarse significaba renunciar al futuro. Reducir esta tragedia a un simple problema de fronteras es un grave error. También lo es contemplarla exclusivamente desde el prisma de la seguridad. Una democracia madura debe proteger sus fronteras, sí, pero sin olvidar jamás que está tratando con seres humanos y no con mercancías. |
| Las fronteras no son moneda de cambio | | Conchi Basilio. 12.08.26 | Ampliar |  Una nación puede debatir sobre política, economía, impuestos o modelos sociales, puede discrepar sobre casi cualquier asunto, sin embargo, existe un principio que debería situarse por encima de cualquier diferencia ideológica, la defensa de sus fronteras y el respeto a la soberanía del Estado. La reciente entrada masiva de decenas de miles de personas en Ceuta ha vuelto a sacudir la conciencia de muchos ciudadanos. Más allá de las cifras, que ya de por sí resultan impactantes, el verdadero problema reside en el mensaje que transmite un episodio de estas características. Ningún país puede contemplar con normalidad que, en apenas unas horas, una parte tan importante de su frontera quede prácticamente desbordada. No estamos hablando de personas que huyen de una guerra como las que desgraciadamente asolan otras regiones del mundo. Marruecos no vive un conflicto bélico, ello no significa que no existan ciudadanos marroquíes que busquen legítimamente mejorar sus condiciones de vida, pero esa realidad no puede justificar que se produzcan entradas masivas al margen de los procedimientos legales establecidos. |
| El precio del turismo masivo | | Conchi Basilio. 11.08.26 | Ampliar |  Hay pueblos que, durante unos meses del año, dejan de parecerse a sí mismos. Calles que en invierno conservan la tranquilidad de la vida cotidiana, se transforman con la llegada del verano, en un ir y venir constante de personas. Un municipio con apenas diez mil habitantes puede llegar a triplicar o incluso cuadruplicar su población en pocas semanas. Lo que para muchos representa descanso y ocio, para quienes viven allí durante todo el año, es un auténtico desafío. El turismo es, sin duda, una de las grandes riquezas de España, genera empleo, impulsa la economía, mantiene negocios y permite dar a conocer la extraordinaria diversidad natural, histórica y cultural de nuestro país. Nadie puede negar su enorme importancia. Sin embargo, cuando el crecimiento supera la capacidad de un territorio para absorberlo, comienzan a aparecer problemas que no siempre reciben la atención que merecen. |
| ¿Donde está la justicia? | | Conchi Basilio. 31.07.26 | Ampliar |  Hay momentos en los que un país entero se hace la misma pregunta, no nace del rencor, ni del afán de venganza, sino de la necesidad de comprender. Es la pregunta que resuena en la calle, en las conversaciones cotidianas, en los hogares y en la conciencia de quienes todavía creen en el Estado de derecho, ¿dónde está la justicia? La justicia no solo debe ser independiente, también debe ser percibida como justa por la inmensa mayoría de la sociedad. Porque cuando una resolución provoca desconcierto y una gran parte de los ciudadanos siente que la ley no se aplica con el mismo rigor para todos, lo que empieza a resquebrajarse no es únicamente la confianza en un tribunal, sino en todo el sistema. La Constitución proclama que todos somos iguales ante la ley, es una de las bases sobre las que descansa nuestra democracia. Sin embargo, la realidad parece dejar demasiadas veces una sensación distinta. Son muchos los ciudadanos que se preguntan por qué unas personas cumplen íntegramente sus condenas mientras otras obtienen beneficios que, aunque puedan estar previstos legalmente, resultan difíciles de entender para quien observa los hechos desde fuera. |
| Cuando la prevención llega tarde | | Conchi Basilio. 28.07.26 | Ampliar |  Cada verano asistimos con preocupación a imágenes de montes arrasados, columnas de humo visibles a decenas de kilómetros, viviendas amenazadas y miles de personas pendientes de la evolución de un incendio. Se movilizan todos los recursos disponibles, los bomberos forestales se juegan la vida en condiciones extremas y la sociedad reconoce, una vez más, la enorme labor de quienes luchan contra el fuego. Sin embargo, cuando las llamas finalmente se extinguen, vuelve a repetirse la misma pregunta, ¿por qué seguimos actuando cuando el incendio ya está declarado en lugar de evitar que alcance semejante magnitud? La prevención no es una opción, sino la herramienta más eficaz para reducir el impacto de los incendios forestales. Así lo vienen sosteniendo desde hace años ingenieros de montes, especialistas en gestión forestal, investigadores y los propios profesionales que trabajan sobre el terreno. Un monte cuidado durante todo el año, con desbroces, limpieza de matorral, mantenimiento de cortafuegos y una adecuada gestión de la vegetación, presenta muchas más posibilidades de frenar el avance del fuego, que otro abandono durante meses. |
| El verdadero campeón es quien respeta | | Conchi Basilio. 24.07.26 | Ampliar |  Hay victorias que engrandecen a quien las consigue y derrotas que ennoblecen a quien las acepta. Pero también existen triunfos que dejan un sabor amargo y derrotas que terminan convirtiéndose en una lección de dignidad. Porque el verdadero valor de una competición no siempre se encuentra en el marcador, sino en la manera en que cada persona decide comportarse cuando la tensión, la emoción y la rivalidad alcanzan su punto más alto. Vivimos en una sociedad donde el éxito parece justificar cualquier actitud. Se aplaude el resultado por encima de los valores y, con demasiada frecuencia se confunde el carácter con la arrogancia, la confianza con la soberbia y la competitividad con la falta de respeto. Sin embargo, el deporte nació para enseñar exactamente lo contrario, esfuerzo, sacrificio, compañerismo, disciplina y respeto hacia quien comparte el mismo sueño, aunque vista una camiseta diferente. Ser competitivo nunca debería significar humillar al adversario. Aspirar a la victoria es legítimo, despreciar al contrario, jamás. La grandeza de un deportista no se mide únicamente por los títulos que levanta, sino por la huella humana que deja dentro y fuera del terreno de juego. Hay campeones que pasan a la historia por sus récords y otros que permanecen para siempre en la memoria colectiva por su humildad. Estos últimos son, sin duda, los que mejor representan el verdadero espíritu del deporte. |
| Lo que el dinero jamás podrá comprar | | Conchi Basilio. 22.07.26 | Ampliar |  Vivimos en una sociedad que, con demasiada frecuencia, confunde el valor de una persona con el valor de su patrimonio. El éxito suele medirse por el tamaño de una cuenta bancaria, la vivienda que posee, el coche que se conduce o el lugar donde se pasan las vacaciones. Sin embargo, basta detenerse unos instantes para descubrir que existen realidades que ninguna fortuna, por inmensa que sea, puede adquirir. El dinero es necesario, negarlo sería tan injusto como ingenuo. Permite cubrir necesidades, acceder a una mejor atención sanitaria, ofrecer oportunidades a los hijos y afrontar el futuro con mayor tranquilidad. Nadie debería ser censurado por aspirar a una vida económicamente estable. El problema comienza cuando el dinero deja de ser un medio para convertirse en el único fin. Hay bienes que no cotizan en ninguna bolsa porque pertenecen al ámbito de lo humano. El dinero puede comprar una casa, pero jamás garantiza que entre sus paredes exista un verdadero hogar. Puede adquirir el colchón más confortable, pero no asegura un sueño sereno cuando la conciencia pesa más que el cansancio. Puede llenar una mesa de exquisiteces, pero no consigue que una familia vuelva a mirarse a los ojos si hace tiempo que dejó de hablarse con sinceridad. |
| Los oficios que se apagan
| | Conchi Basilio. 19.07.26 | Ampliar |  No desaparecen de un día para otro, no hacen ruido, no ocupan grandes titulares ni provocan manifestaciones. Simplemente, un día bajan la persiana y ya no vuelven a levantarla. Con ellos se marchan décadas de experiencia, de esfuerzo silencioso y de un saber que difícilmente podrá recuperarse cuando quienes lo poseen ya no estén. Así están desapareciendo muchos de los oficios que durante generaciones dieron vida a nuestras calles y formaron parte de la identidad de España. El relojero que devolvía la pre cisión a un reloj heredado, el zapatero que prefería reparar antes que sustituir, el encuadernador que rescataba libros destinados al olvido, la bordadora capaz de convertir un hilo en una obra de arte, la mercería donde no solo se vendían botones, agujas o cremalleras, sino también consejos, paciencia y oficio. El panadero artesano que conocía cada masa por el tacto de sus manos y no por la pantalla de una máquina. No eran únicamente profesiones, eran una forma de entender el trabajo y, sobre todo, una manera de transmitir conocimientos de una generación a otra. |
| La España que merecemos | | Conchi Basilio. 14.07.26 | Ampliar |  Hay momentos en la historia de un país en los que los ciudadanos dejan
de pedir milagros y empiezan, sencillamente, a reclamar decencia. Quizá
España haya llegado a ese punto, no porque falten leyes, ni porque
carezca de profesionales capaces, sino porque demasiadas veces la
confianza depositada en quienes gobiernan ha terminado convirtiéndose en
frustración. Durante décadas hemos visto cómo las promesas se
repetían con distinta voz y diferentes siglas, mientras las
preocupaciones cotidianas de millones de personas permanecían
prácticamente inalterables. Cambian los gobiernos, cambian los
discursos, cambian los rostros, pero demasiados ciudadanos continúan
teniendo la sensación de que el interés general acaba cediendo terreno
frente al interés partidista. España no necesita un partido más,
necesita una nueva manera de comprender la política. Un partido que
no aspire a conquistar el poder para instalarse en él, sino para
devolver las instituciones a quienes realmente pertenecen, los
ciudadanos. Un proyecto que entienda que administrar el dinero público no es un
privilegio, sino una responsabilidad inmensa, y que cada euro malgastado
es un euro que deja de llegar a un hospital, a una escuela, a una
residencia de mayores o a una familia que necesita apoyo. |
| El incendio antes que el fuego | | Conchi Basilio. 10.07.26 | Ampliar |  Cada verano las imágenes se repiten con una dolorosa fidelidad, montañas envueltas en humo, bosques reducidos a cenizas, animales que huyen sin rumbo, familias desalojadas y centenares de profesionales jugándose la vida para contener unas llamas que parecen no tener fin. Durante unos días, los incendios ocupan titulares, abren informativos y conmueven a una sociedad que observa con impotencia como desaparece una parte irremplazable de su patrimonio natural. Sin embargo, cuando el último foco queda extinguido y las cámaras abandonan el lugar, el silencio vuelve a adueñarse del monte. Es entonces cuando comienza la verdadera prueba, porque los grandes incendios no nacen únicamente el día en que aparece una chispa. En realidad, empiezan mucho antes, alimentados por el abandono, la acumulación de combustible vegetal y la falta de una gestión forestal constante. Cada incendio tiene su propia historia, algunos son consecuencia de una acción intencionada, otros se producen por imprudencias o negligencias humanas y también existen causas naturales, como la caída de un rayo en plena tormenta seca. Las investigaciones son las únicas que pueden determinar el origen de cada fuego, pero con independencia de cómo comience, existe una realidad difícil de discutir, un monte cuidado ofrece más oportunidades para contener un incendio que otro olvidado durante años. |
| La vida no espera | | Conchi Basilio. 07.07.26 | Ampliar |  La naturaleza no pregunta quiénes somos antes de mostrar toda su fuerza, no distingue entre países ricos o pobres, entre ideologías, religiones o culturas. Cuando la tierra tiembla, cuando una riada arrasa pueblos enteros o un huracán destruye todo cuanto se encuentra a su paso, el sufrimiento habla un único idioma, el de quienes lo han perdido todo en cuestión de minutos. Basta un instante para que una vivienda desaparezca bajo los escombros, un hospital quede inutilizado o una familia vea truncada su vida para siempre. Lo que hasta ese momento era una rutina cotidiana se convierte, de repente, en una lucha por sobrevivir. En esos momentos ya no existen los planes, las diferencias ni las discusiones que ocupaban el día anterior. Solo existe una necesidad inmediata, salvar vidas. Quizá por eso las grandes catástrofes deberían hacernos reflexionar sobre cuáles son nuestras verdaderas prioridades como sociedad. Mientras los focos informativos muestran imágenes de destrucción, miles de personas esperan algo tan elemental como agua potable, alimentos, atención sanitaria, medicamentos, refugio y la esperanza de que alguien llegue a tiempo para ayudarlas. En situaciones así, el tiempo adquiere un valor incalculable, cada hora puede marcar la diferencia entre encontrar con vida a una persona atrapada bajo los escombros o llegar demasiado tarde. Cada equipo de rescate, cada profesional sanitario, cada envío de material humanitario y cada gesto de solidaridad representan mucho más que una ayuda material, representan la posibilidad de devolver la esperanza allí donde parece haberse extinguido. |
| El valor de unas manos | | Conchi Basilio. 03.07.26 | Ampliar |  Los oficios no desaparecen de un día para otro, no hacen ruido, no ocupan grandes titulares ni provocan manifestaciones. Simplemente, un día bajan la persiana y ya no vuelven a levantarla. Con ellos se marchan décadas de experiencia, de esfuerzo silencioso y de un saber que difícilmente podrá recuperarse cuando quienes lo poseen ya no estén. Así están desapareciendo muchos de los oficios que durante generaciones dieron vida a nuestras calles y formaron parte de la identidad de España. El relojero que devolvía la precisión a un reloj heredado, el zapatero que prefería reparar antes que sustituir, el encuadernador que rescataba libros destinados al olvido, la bordadora capaz de convertir un hilo en una obra de arte. La mercería donde no solo se vendían botones, agujas o cremalleras, sino también consejos, paciencia y oficio, el panadero artesano que conocía cada masa por el tacto y no por la pantalla de una máquina. No eran únicamente profesiones, eran una forma de entender el trabajo y, sobre todo, una manera de transmitir conocimientos de una generación a otra. |
| La sociedad del descarte | | Conchi Basilio. 30.06.26 | Ampliar |  Vivimos en una sociedad que parece haber convertido lo efímero en una forma de vida. Los objetos se sustituyen antes de que dejen de funcionar, las modas cambian a velocidad de vértigo y todo parece estar diseñado para durar menos. Lo preocupante es que esta cultura de lo desechable ya no afecta únicamente a las cosas, en ocasiones, también parece extenderse a las personas. Existe una tendencia silenciosa, pero cada vez más visible, a considerar que quienes han alcanzado cierta edad han dejado de ser útiles. Como si la experiencia acumulada durante décadas perdiera de pronto todo su valor. Como si el paso del tiempo otorgara una especie de fecha de caducidad invisible que empuja a muchos ciudadanos hacia los márgenes de la sociedad. A este fenómeno se le conoce como edadismo o gerontofobia, términos que describen los prejuicios y la discriminación basados en la edad. Aunque pocas veces se manifiesta de forma abierta, aparece en multitud de situaciones cotidianas. Se presupone que una persona mayor comprende peor la realidad actual, que tiene dificultades para adaptarse a los cambios o que ya no puede aportar nada relevante. Son estereotipos injustos que no resisten el menor análisis. |
| Vivir para ser visto | | Conchi Basilio. 26.06.26 | Ampliar | Nunca habíamos tenido tantas formas de comunicarnos y, sin embargo, pocas veces habíamos dedicado tan poco tiempo a hablar de verdad.Basta con observar cualquier cafetería, parque o sala de espera, allí donde antes las personas intercambiaban palabras, opiniones o simples comentarios cotidianos, hoy abundan las miradas dirigidas hacia una pantalla. Decenas de personas comparten un mismo espacio físico, pero cada una permanece encerrada en su propio universo digital. Es una imagen tan habitual que apenas llama la atención, aunque quizá debería preocuparnos más de lo que creemos. La tecnología ha transformado nuestra forma de vivir a una velocidad vertiginosa. Los teléfonos móviles, las redes sociales, las plataformas digitales y, más recientemente la inteligencia artificial, forman parte de nuestra rutina diaria. Sería injusto negar los beneficios que han aportado, gracias a ellas podemos acceder a información en cuestión de segundos, mantener contacto con familiares y amigos lejanos y realizar tareas que hace apenas unos años parecían impensables. |
| ¿Quien escribirá mañana? | | Conchi Basilio. 23.06.26 | Ampliar |  Durante siglos, los libros nacieron de una relación íntima entre una persona y una hoja en blanco. Antes incluso de la llegada de las máquinas de escribir, muchos autores llenaban cuadernos enteros a mano, corrigiendo, tachando y volviendo a empezar tantas veces como fuera necesario. Cada página era el resultado de horas de reflexión, observación y esfuerzo personal. Más tarde llegaron los ordenadores, que facilitaron enormemente el trabajo de escribir sin alterar su esencia. La creatividad, las ideas y las emociones seguían perteneciendo al autor, sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial ha abierto un debate que afecta directamente al futuro de la literatura y al papel de quienes escriben. Hoy es posible obtener en pocos segundos cantidades inmensas de
información. Se trata de una herramienta poderosa que puede resultar
útil para consultar datos, organizar ideas o agilizar determinadas
tareas. Pero la pregunta que muchos lectores y escritores se hacen es
otra, ¿qué ocurrirá cuando la creación literaria dependa cada vez más de
las maquinas y cada vez menos de la experiencia humana? |
| La desaparición de la gratitud | | Conchi Basilio. 19.06.26 | Ampliar |  Hubo un tiempo en el que dar las gracias formaba parte de la educación más elemental. No era una cuestión de protocolo ni de formalismos vacíos, sino una forma de reconocer el esfuerzo, la ayuda o la generosidad de quienes, de una manera u otra, contribuían a hacer nuestra vida un poco más fácil. Hoy, sin embargo, da la impresión de que la gratitud se está convirtiendo en un valor cada vez más escaso. Vivimos en una sociedad en la que se reclama constantemente el reconocimiento propio, pero en la que pocas veces se reconoce el mérito ajeno. Se exigen derechos, atención y comprensión, pero se olvida con frecuencia agradecer el tiempo, los sacrificios y las renuncias que otras personas realizaron por nosotros. Como si todo nos fuera debido, como si el esfuerzo de los demás careciera de importancia o fuera una simple obligación. Esta falta de gratitud se manifiesta de muchas formas. A veces aparece en el ámbito familiar, donde determinados esfuerzos son dados por sentados y dejan de valorarse. Otras veces surge entre amigos, cuando una ayuda prestada en momentos difíciles es rápidamente olvidada una vez superada la adversidad. También se hace presente en la sociedad en general, donde resulta más fácil señalar errores que reconocer aciertos. |
| La soledad permitida | | Conchi Basilio. 16.06.26 | Ampliar |  Hay personas que pasan días enteros sin recibir una llamada, personas que esperan el sonido del teléfono que nunca suena. Personas que se asoman a la ventana no para contemplar el paisaje, sino para comprobar que siguen formando parte de un mundo que parece haberse olvidado de ellas. No aparecen en los informativos ni ocupan grandes titulares, no protagonizan debates políticos ni generan estadísticas que conmuevan a la opinión pública. Sin embargo, están ahí, entre nosotros, sufriendo una de las heridas más profundas que puede experimentar un ser humano, la soledad no deseada. Resulta paradójico que esto ocurra precisamente en una época en la que la comunicación parece no tener límites. Vivimos conectados a través de teléfonos móviles, aplicaciones de mensajería y redes sociales que prometen acercarnos a los demás. Nunca fue tan sencillo enviar un mensaje, compartir una fotografía o conocer lo que alguien está haciendo a cientos de kilómetros de distancia. Y, sin embargo, nunca hubo tantas personas sintiéndose invisibles. |
| Un papa entre la gente | | Conchi Basilio. 12.06.26 | Ampliar |  Las visitas de los papas suelen dejar imágenes para la historia, discursos que se analizan durante años y gestos que trascienden el tiempo. Sin embargo, la reciente visita de León XIV a España ha dejado algo más profundo, la sensación de que, en medio de un mundo cada vez más dividido, todavía existen voces capaces de recordar que la dignidad humana debe situarse por encima de cualquier diferencia. Durante su estancia en nuestro país, el Pontífice ha recorrido calles repletas de personas, llegadas desde distintos lugares, ha escuchado testimonios de sufrimiento, ha saludado a jóvenes, ancianos, familias y colectivos vulnerables, y ha pronunciado mensajes que han encontrado eco más allá de las fronteras de la Iglesia católica. Porque, independientemente de las creencias de cada cual, algunas de sus palabras apelan a valores universales que afectan a toda la sociedad. |
| ¿Quien lo arreglará mañana? | | Conchi Basilio. 09.06.26 | Ampliar |  Hay problemas que avanzan en silencio. No ocupan grandes titulares ni protagonizan debates diarios en televisión, pero terminan afectando a la vida de miles de personas. Uno de ellos es la creciente falta de profesionales en oficios tradicionales como la fontanería, la electricidad, la carpintería, la albañilería o la reparación de electrodomésticos. Lo que hace unos años podía considerarse una dificultad puntual se está convirtiendo en una realidad cada vez más evidente y preocupante. Muchos ciudadanos ya han experimentado esta situación. Basta con que aparezca una avería en casa para comprobarlo, una tubería que pierde agua, una instalación eléctrica que necesita reparación, una persiana averiada o una puerta que requiere arreglo puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza. Encontrar un profesional disponible no siempre resulta fácil. En numerosas ocasiones hay que esperar semanas y, dependiendo del trabajo, incluso meses para obtener una cita. |
| La sociedad del ombligo | | Conchi Basilio. 05.06.26 | Ampliar |  Nunca antes la humanidad había tenido un acceso tan amplio a la información y, sin embargo, nunca había resultado tan fácil difundir la ignorancia. Cada día circulan miles de opiniones, rumores, acusaciones y juicios precipitados que son aceptados y repetidos por muchas personas sin el menor esfuerzo por comprobar si son ciertos o falsos. Lo preocupante no es únicamente la existencia de la mentira. La mentira ha acompañado al ser humano desde el comienzo de los tiempos, lo verdaderamente inquietante es la facilidad con la que algunas personas la adoptan, la hacen suya y la transmiten como si fuera una verdad indiscutible. Escuchan una afirmación, una crítica o una acusación y la repiten inmediatamente, sin contrastar datos, sin analizar las circunstancias y sin preguntarse siquiera si están perjudicando injustamente a alguien. Esta actitud revela una preocupante renuncia al pensamiento propio. Pensar exige esfuerzo, requiere escuchar distintas versiones, reflexionar, analizar y, en ocasiones, aceptar que nuestras primeras impresiones pueden ser erróneas. |
| Ciudadanos antes que partidos | | Conchi Basilio. 02.06.26 | Ampliar |  Cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que no tenga una preocupación económica, social o laboral que afecte directamente a su vida cotidiana. Basta escuchar una conversación en una cafetería, en una sala de espera, en un centro de trabajo o en cualquier reunión familiar para comprobar que las inquietudes de los españoles suelen coincidir en cuestiones muy concretas, la vivienda, la sanidad, la educación, los salarios, las pensiones y la creciente sensación de que quienes gobiernan viven demasiado alejados de los problemas reales de la ciudadanía. Mientras el debate político continúa girando con frecuencia alrededor de enfrentamientos partidistas, estrategias electorales y polémicas que apenas tienen impacto en la vida diaria de las personas, miles de familias siguen enfrentándose a dificultades que llevan años esperando soluciones eficaces. La sanidad pública es uno de los ejemplos más evidentes. España cuenta con profesionales sanitarios altamente cualificados, admirados dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, la falta de personal, las listas de espera y la saturación de números servicios han convertido la atención sanitaria en una preocupación creciente. |
| Machismo de la vida en comunidad | | Conchi Basilio. 30.05.26 | Ampliar |  Vivimos en una sociedad que exige constantemente soluciones a los
grandes problemas del mundo. Pedimos mejores gobiernos, más justicia,
más humanidad y más igualdad. Sin embargo, muchas veces olvidamos que
todo empieza en lo más cercano, en una pequeña comunidad, en un
edificio, en una reunión vecinal o en la simple relación entre personas
que comparten un mismo entorno. Resulta difícil hablar de un mundo
mejor cuando en espacios reducidos ni siquiera existe consenso, apoyo o
empatía hacia los problemas de los demás. Porque una comunidad pequeña
no deja de ser un reflejo en miniatura de la sociedad. Si ahí fallan el
respeto, la solidaridad y la capacidad de escuchar, poco puede esperarse
después a gran escala. Con demasiada frecuencia aparecen personas
que solo piensan en sí mismas, convencidas de ser el centro de todo,
actuando con una soberbia impropia de quienes conviven con otros. El
individualismo extremo ha ido erosionando valores fundamentales como el
compañerismo y la ayuda mutua. Hay vecinos incapaces de comprender que
ciertos problemas no afectan únicamente a una persona, sino al bienestar
común de toda una comunidad. |
| Un mundo en tensión permanente | | Conchi Basilio. 29.05.26 | Ampliar |  El mundo atraviesa una etapa de profunda incertidumbre que se manifiesta en distintos ámbitos, político, económico, tecnológico y social. Esta sensación de inestabilidad no surge de un único acontecimiento, sino de la acumulación de tensiones que se han ido gestando durante años y que hoy confluyen en un escenario complejo, donde las certezas parecen haberse debilitado. En el ámbito internacional, los conflictos armados que persisten o han resurgido en distintas regiones del planeta han vuelto a colocar la guerra en el centro del debate global. Lo que antes parecía relegado a determinadas zonas geográficas, hoy tiene una capacidad de repercusión mucho mayor debido a la interdependencia entre países. Las economías están conectadas, las cadenas de suministro son globales y cualquier alteración en un punto del mapa tiene efectos inmediatos en otros lugares del mundo. Esta realidad multiplica la sensación de vulnerabilidad colectiva. |
| Los trabajadores dicen 'Ya basta' | | Conchi Basilio. 26.05.26 | Ampliar | España no necesita más espectáculo , necesita soluciones y dignidad.España atraviesa uno de esos momentos en los que el cansancio social ya no puede ocultarse detrás de discursos vacíos ni promesas repetidas una y otra vez. La ciudadanía observa, escucha y soporta desde hace demasiado tiempo un escenario político convertido en un intercambio permanente de reproches, insultos y enfrentamientos estériles, mientras los problemas reales continúan creciendo sin encontrar soluciones eficaces. La sensación de abandono es cada vez mayor. Muchos ciudadanos sienten que la política ha dejado de servir al interés común para convertirse en una lucha constante por el poder, donde el llamado bipartidismo continúa alimentando una dinámica agotada y profundamente alejada de las necesidades diarias de la población. El “y tú más” se ha convertido en una rutina insoportable que desgasta la confianza pública y deteriora la credibilidad de las instituciones. |
| El planeta al límite | | Conchi Basilio. 22.05.26 | Ampliar |  Durante años, el cambio climático fue percibido como una amenaza lejana, casi abstracta, algo que afectaría a generaciones futuras o a lugares remotos. Hoy, esa idea se ha desmoronado, ya no hablamos de un problema que vendrá, sino de una realidad que está aquí, que se cuela en nuestra vida cotidiana y que empieza a alterar, de forma silenciosa pero constante, el equilibrio del mundo que conocíamos. La evidencia científica es clara y está respaldada por organismos internacionales como el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el planeta se está calentando a un ritmo preocupante debido, en gran medida, a la actividad humana. No es una opinión, ni una hipótesis discutible, es un consenso construido sobre décadas de investigación, datos y observación. Y, sin embargo, aún hay quien lo niega. Esa negación no siempre nace de la ignorancia. A veces responde a intereses económicos que temen el impacto de los cambios necesarios. Otras, a una resistencia emocional difícil de reconocer, aceptar la magnitud del problema implica asumir que nuestro modo de vida tiene consecuencias, que no todo es sostenible y que habrá que renunciar a ciertas comodidades. No es fácil mirar de frente una realidad que exige transformación. Pero mientras discutimos, el planeta sigue enviando señales. |
| Sobrevivir depués de cotizar | | Conchi Basilio. 19.05.26 | Ampliar |  Cada vez son más las personas en España que sienten que trabajar, cotizar durante décadas y llegar a la jubilación ya no garantiza una vida digna. El malestar no nace únicamente de los números, sino de una sensación cada vez más profunda de desigualdad, impotencia y desprotección. Mientras muchos ciudadanos intentan llegar a final de mes con enorme dificultad, observan cómo desde determinadas esferas políticas y económicas parece existir una realidad completamente distinta, alejada de los problemas cotidianos de quienes sostienen el país con su esfuerzo. Uno de los ejemplos que más indignación está generando es el de numerosos jubilados que, después de toda una vida trabajando, ven cómo sus pensiones sufren importantes retenciones fiscales. Personas mayores, muchas de ellas con gastos médicos, problemas de salud o ayudas familiares, descubren de pronto que Hacienda les descuenta cantidades que en algunos casos superan varios cientos de euros mensuales. Y lo que más desconcierta no es solo la cantidad, sino la falta de explicaciones claras y comprensibles. |
| La amenaza silenciosa | | Conchi Basilio. 15.05.26 | Ampliar |  Durante años, muchas personas asociaron las grandes amenazas sanitarias únicamente a virus nuevos o desconocidos. Sin embargo, la historia demuestra que algunos de los peligros más serios para la humanidad llevan décadas conviviendo silenciosamente con nosotros, escondidos en la naturaleza y esperando las circunstancias adecuadas para reaparecer. El hantavirus es uno de ellos. Aunque para gran parte de la población su nombre comenzó a sonar con más fuerza en tiempos recientes, este virus no es nuevo. Su origen conocido se remonta a mediados del siglo pasado, cuando varios soldados enfermaron gravemente durante la Guerra de Corea. Desde entonces, diferentes variantes del hantavirus han sido detectadas en Asia, Europa y America, causando enfermedades que en algunos casos afectan gravemente a los riñones, otros a los pulmones, con consecuencias que pueden llegar a ser mortales. |
| El dolor invisible | | Conchi Basilio. 12.05.26 | Ampliar |  Hay dolores que no dejan huella en la piel, pero lo cambian todo por dentro. No sangran, no se inflaman a la vista, no obligan a una venda ni a una escayola. Son silenciosos, discretos, casi invisibles. Y, sin embargo, tienen la capacidad de alterar una vida entera. Vivimos en una sociedad que cree en lo que ve. Si hay fiebre, se comprende, si hay una herida, se atiende, si hay lágrimas, se consuela. Pero cuando el sufrimiento no tiene forma visible, comienza el juicio. “Tienes buena cara”, dicen. Como si el rostro fuese un espejo fiel del alma. Como si bastara una sonrisa ensayada para desmentir el cansancio que se arrastra por dentro. Las enfermedades invisibles habitan en este territorio incómodo donde la realidad del que sufre choca con la incredulidad del que observa. Dolencias crónicas, dolores persistentes, fatigas que no se curan con descanso, mentes que no encuentran tregua. Quien las padece aprende pronto que, además del peso de la enfermedad, tendrá que cargar con algo más, la necesidad constante de justificar lo que siente. No es solo el dolor físico, cuando lo hay, sino el desgaste emocional de no ser comprendido. De explicar una y otra vez que no es pereza, que no es exageración, que no es debilidad. Que hay días en los que levantarse ya es una victoria, aunque desde fuera parezca una rutina sin mérito. Y, aun así, muchas veces, el esfuerzo queda invisibilizado, reducido a una simple excusa a ojos de quienes no pueden verlo. |
| La verdad ya no importa | | Conchi Basilio. 09.05.26 | Ampliar |  Hace un tiempo, no tan lejano, en el que la verdad tenía peso, reposo y cierta solemnidad. No era perfecta, ni mucho menos, pero se buscaba, se contrastaba, se discutía, se defendía incluso. Hoy, en cambio, la verdad parece haberse vuelto ligera, fugaz, casi prescindible. Dura lo que tarda en deslizarse un dedo sobre una pantalla, apenas treinta segundos. Vivimos en la era de la información inmediata, pero también en la de la confusión constante. Nunca habíamos tenido tanto acceso a datos y, sin embargo, nunca habíamos estado tan expuestos a la mentira. Informaciones falsas, bulos que se propagan a la velocidad de la luz, titulares diseñados para provocar más que para informar, y una alarmante falta de rigor que erosiona la confianza en todo aquello que antes considerábamos sólido. El problema no es solo que existan mentiras, eso ha ocurrido siempre, sino que hoy conviven en igualdad de condiciones con la verdad. Ambas circulan por los mismos canales, se presentan con la misma apariencia y apelan a las mismas emociones. La diferencia ya no es evidente, y eso es, quizá, lo más preocupante. |
| Tecnología sin alma | | Conchi Basilio. 05.05.26 | Ampliar |  Estamos en un momento en el que la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta cotidiana. Está en nuestras manos, en nuestros teléfonos, en nuestras decisiones diarias. Nos asiste, nos facilita la vida, abre puertas que hace apenas unos años parecían impensables, es una herramienta muy positiva en la medicina, por ejemplo, pero junto a ese avance, ha emergido una pregunta incómoda que no podemos seguir aplazando, ¿Qué ocurre cuando la inteligencia avanza más rápido que la conciencia? Porque no todo uso de la inteligencia artificial es inocente, no todo es progreso. También hay un lado oscuro, silencioso, que crece al mismo ritmo que la tecnología y que pone en evidencia algo profundamente humano, la capacidad de hacer daño cuando no existen límites claros. Hoy, con apenas unos clics, es posible manipular imágenes, suplantar identidades, difundir mentiras con apariencia de verdad o construir relatos falsos que se expanden con una rapidez difícil de contener. Y lo más inquietante no es solo que se pueda hacer, sino que se está haciendo. A veces con intención clara de perjudicar, otras, con una ligereza que resulta igual de peligrosa, como si todo formara parte de un entretenimiento sin consecuencias. Detrás de cada uno de estos actos hay vidas reales, personas señaladas injustamente, reputaciones destruidas, familias afectadas, sufrimiento que no siempre se ve, pero que permanece. Porque lo digital no es ajeno a la vida, la atraviesa, la condiciona y, en ocasiones, la hiere profundamente. |
| Justicia a dos velocidades | | Conchi Basilio. 02.05.26 | Ampliar |  La justicia, es el pilar esencial sobre el que se sostiene cualquier democracia sólida, atraviesa en España un momento de descredito profundo. No es una percepción aislada ni fruto de una coyuntura concreta, es un malestar que se ha ido gestando con los años, acumulando casos, retrasos y decisiones difíciles de comprender para la ciudadanía. Cada vez son más frecuentes los procesos judiciales que parecen desarrollarse a dos velocidades. Por un lado, existen juicios rápidos, casi inmediatos, que recaen sobre ciudadanos comunes, donde la maquinaria judicial actúa con una eficacia incuestionable. Por otro lado, se encuentran aquellos procedimientos complejos, generalmente vinculados a presuntas irregularidades de figuras relevantes, que se prolongan durante más de una década sin una resolución clara, algunos resultan exonerados. Esa diferencia no solo genera desconcierto, sino también una sensación de desigualdad difícil de ignorar. |
| Rotos sin ruido | | Conchi Basilio. 28.04.26 | Ampliar |  No todas las rupturas llegan con gritos, portazos o palabras hirientes. Hay familias que se rompen en silencio, sin un día concreto que marque el antes y el después, sin una discusión que justifique la distancia. Se rompen despacio, casi sin que nadie lo perciba, como se apaga una luz que nadie se molestó en cambiar. Son esas familias en las que, de pronto, los encuentros se vuelven incomodos y las conversaciones se reducen a lo imprescindible. Nadie ha hecho nada que parece grave, o al menos nada que se pueda señalar con claridad para los demás, pero algo se ha ido enfriando hasta volverse irreconocible. Quizá todo comienza con pequeños gestos que dejan de hacerse, un “¿cómo estás?” que ya no se formula con interés, una visita que se pospone sin fecha, una comida familiar que se cancela porque “ya buscaremos otro día”, una fecha en que habíamos quedado en reunirnos. Y ese día nunca llega, no hay reproches abiertos, pero sí una acumulación silenciosa de ausencias, que van aumentando cada vez más distancia. |
| Vivir más, vivir peor | | Conchi Basilio. 25.04.26 | Ampliar |  España ha aprendido a vivir más años. Lo dicen las estadísticas, lo celebran los discursos y lo confirma la medicina. Pero hay una verdad incómoda que apenas se pronuncia, no basta con vivir más, importa, y mucho, cómo se vive ese tiempo añadido. En demasiados hogares, la vejez ha dejado de ser una etapa de descanso para convertirse en un territorio incierto, marcado por la dependencia, la burocracia y una soledad que no siempre se reconoce. En lugares como Asturias, donde el envejecimiento de la población es especialmente acusado, esta realidad no es una excepción, es el día a día de miles de personas. Cuando aparece la dependencia, comienza una carrera que nadie debería tener que correr. Solicitudes, informes, valoraciones que se retrasan durante demasiados meses, normalmente más de un año. Un tiempo que, para quien lo necesita, no es un simple trámite administrativo, sino una espera que pesa, que limita y que, en ocasiones, agrava la situación. Y cuando por fin llega la ayuda, lo hace con una sensación agridulce. Porque lo concedido rara vez cubre lo necesario. Las prestaciones económicas se quedan muy lejos del coste real de los cuidados, y los servicios asignados, cuando los hay, se reducen a intervenciones mínimas, casi simbólicas. Una persona acude al domicilio, una o dos horas, rápido, a contrarreloj. Lo imprescindible, aseo, algo de limpieza si alcanza el tiempo. No hay margen para detenerse, para escuchar, para acompañar. No por falta de voluntad, sino porque el sistema no lo permite. Todo está medido, ajustado, comprimido. |
| Lo que nunca preguntaste | | Conchi Basilio. 21.04.26 | Ampliar |  Hay silencios que no nacen de la paz, sino del abandono, no de la calma, sino de la falta de interés . Son esos silencios que se instalan entre las personas cuando nadie hace la pregunta que debería hacerse, cuando nadie se detiene a mirar de verdad al otro y preguntarle, sin prisa y sin juicio, “¿Qué te pasa?”. Hay conversaciones que nunca llegaron a existir, no porque no hicieran falta, sino porque nadie quiso asumir el pequeño esfuerzo de iniciarlas. Porque era más fácil seguir adelante, centrarse en la propia vida, en las propias preocupaciones, en el propio mundo, que detenerse a comprender el de los demás. Y así, sin palabras, se construyen las distancias más injustas, se sacan conclusiones sin conocer la historia, se interpretan silencios como desinterés, ausencias como frialdad, decisiones como desprecio. Pero nadie pregunta, nadie contrasta, nadie se toma el tiempo de escuchar lo que hay detrás. Es más cómodo suponer que entender. |
| El delirio del poder | | Conchi Basilio. 20.04.26 | Ampliar |  Hay una línea invisible que separa el liderazgo de la desmesura. No siempre es fácil de ver, pero cuando se cruza, las consecuencias dejan de ser simbólicas para volverse reales, profundas y, en ocasiones, irreversibles. En los últimos tiempos, asistimos a una forma de ejercer el poder que inquieta no solo por sus decisiones, sino por la actitud que las envuelve. No se trata únicamente de gobernar, sino de imponerse, no se trata de dirigir, sino de dominar. Y en ese cambio de matiz, aparentemente sutil, se esconde un riesgo que la historia ya ha demostrado demasiadas veces. Cuando un dirigente comienza a proyectarse como alguien incuestionable, como si estuviera en posesión de la verdad absoluta, algo deja de encajar. No es normal, no lo es porque el poder, en esencia, debería estar limitado, vigilado y sometido a normas. Nadie está por encima de las leyes, ni de las consecuencias de sus actos. Sin embargo, vivimos una época en la que la imagen ha adquirido un peso desproporcionado. Se construyen relatos grandilocuentes, se alimentan figuras casi míticas, y en ocasiones se roza lo simbólico de una manera que desconcierta. La tecnología, lejos de moderar, amplifica. Y lo que antes habría quedado en un gesto aislado, hoy se convierte en una representación que da la vuelta al mundo en cuestión de minutos. |
| La pobreza que trabaja | | Conchi Basilio. 14.04.26 | Ampliar |  Hace muchos años en que trabajar significaba avanzar. No era necesario aspirar a grandes lujos para sentir que el esfuerzo merecía la pena, bastaba con saber que, al final de mes, el salario alcanzaría para vivir con dignidad, para sostener un hogar, para proyectar un futuro. Hoy, esa certeza se ha resquebrajado. La precariedad laboral ha dejado de ser una etapa pasajera para convertirse en una forma de vida. Ya no afecta únicamente a los más jóvenes ni a quienes se incorporan por primera vez al mercado laboral. Se ha extendido como una sombra persistente que alcanza a trabajadores de todas las edades, a familias enteras e incluso a quienes, tras toda una vida de esfuerzo, creían tener asegurada una vejez tranquila. El problema no es solo cuánto se gana, sino cuánto cuesta vivir. Los precios suben con una rapidez que asfixia, mientras los salarios avanzan con una lentitud desesperante, cuando no permanecen estancados. La vivienda, la electricidad, los alimentos... todo parece moverse en una dirección distinta a la de los ingresos. Y en medio de ese desfase, las personas hacen equilibrios imposibles. |
| Cuando el rumor destruye | | Conchi Basilio. 10.04.26 | Ampliar |  Hay frases que sobreviven al tiempo porque encierran una verdad incómoda. “Pueblo pequeño, infierno grande” no es solo un refrán, es el eco de muchas historias calladas, de muchas vidas atravesadas por palabras que nunca debieron pronunciarse o que, pronunciadas, jamás debieron crecer hasta deformar la realidad. En los pueblos pequeños no hay anonimato. Cada gesto se observa, cada silencio se interpreta, cada paso parece dejar huella en la memoria colectiva. Y lo que debería ser cercanía se convierte, a veces, en vigilancia. Lo que podría ser comunidad, degenera en juicio. Todo comienza con algo insignificante, un comentario sin importancia, una escena sacada de contexto, una palabra mal entendida, un grano de arena. Pero ese grano pasa de boca en boca, y en cada tránsito se transforma, se adorna, se exagera, se contamina, se le añaden intenciones que nunca existieron, se le quitan matices que lo explicaban todo. Y así, sin que nadie asuma la responsabilidad, ese pequeño grano se convierte en una montaña capaz de aplastar la dignidad de una persona. Quienes participan en ese proceso rara vez se detienen a pensar en las
consecuencias. Hablar es fácil, opinar, aún más, pero detrás de cada
historia hay una vida real, con heridas reales, con noches en vela, con
lágrimas que no se ven. Hay corazones que sienten el peso de una mentira
repetida tantas veces que acaba pareciendo verdad. |
| ¿Dónde está la humanidad? | | Conchi Basilio. 07.04.26 | Ampliar |  Hay preguntas que no nacen de la curiosidad, sino del dolor, esta es una de ellas. Basta con encender la televisión, abrir un periódico o deslizar el dedo por cualquier red social para encontrarse con imágenes que deberían estremecernos, ciudades reducidas a escombros, niños con la mirada perdida, familias enteras huyendo con lo puesto, cuerpos cubiertos por mantas que ya no abrigan a nadie. Y, sin embargo, seguimos. Seguimos comiendo, trabajando, riendo incluso. Seguimos con nuestras vidas mientras, en algún lugar del mundo, miles de personas pierden la suya. No porque el destino así lo haya querido, sino porque alguien lo ha decidido, porque hay intereses, estrategias, ambiciones y egos que pesan más que la vida humana. La barbarie no es nueva. La historia está llena de guerras, de líderes que prometieron paz mientras preparaban la siguiente ofensiva, de discursos que disfrazaron la violencia de necesidad. Pero hay algo distinto en nuestro tiempo, lo vemos todo, en directo, sin intermediarios. Y, aun así, no parece suficiente para detenerlo. |
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