Por Paco Audije .- Y ahí está El Capitán Trueno como semilla, junto a los cines de sesión continua del espacio madrileño que había entre Cuatro Caminos y en torno al eje de la calle Bravo Murillo (véase Ilustrando los cines de Tetuán, Antonio Ortiz, ediorial Los cordeles de la Dehesa, 2025).
Cine de entretenimiento o de aventuras, sí, aunque también una producción de películas que ayudó a recuperar un cierto músculo contra la censura y la memoria acomodaticia. Sin embargo, «lo que ha predominado es un cine mecánico, cómodo para los espectadores, lleno de referencias clónicas, ajeno a cualquier complejidad, tan políticamente correcto como inane en la mayor parte de los casos». No obstante, el autor hace antes un repaso en el que va de Luis García Berlanga a Juan Antonio Bardem, de Morir en Madrid a El Verdugo, de Muerte de un ciclista a Tierra y Libertad de Ken Loach. De modo que quizá no todo fue tan clónico.
En el campo de la memoria, Vera, que se sitúa en el antifranquismo auténtico, critica que la izquierda haya evitado casi siempre discutir en su interior los episodios de represión dentro de la República y del bando republicano. No lo iguala, desde luego, a la brutalidad franquista y a la que siguió a la guerra, aunque considera que «hubiera sido clarificador que la cuestión de la violencia y de las víctimas no se hubiera entremezclado con el tema de la ilegitimidad del levantamiento franquista y de la dictadura». ¿Era posible? Difícil, muy difícil, al menos.
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